REPORTAJE

La industria mundial en 2026: un año trufado de paradojas y contradicciones

El año 2026 que acaba de arrancar se presenta no como un hito de progreso lineal, sino como un ejercicio de contradicciones y paradojas, como un complejo cruce de caminos donde las fuerzas de la innovación chocarán frontalmente con los muros de la fragmentación.

Según el último y exhaustivo informe de tendencias de The Economist Intelligence Unit (EIU), la economía mundial avanzará con una lentitud frustrante, creciendo solo un 2.4%, lastrada por lo que los analistas denominan «la triada de la incertidumbre»: el proteccionismo agresivo, la inestabilidad geopolítica y la volatilidad política doméstica. Este escenario, sin embargo, no será uniforme. Bajo la superficie de un crecimiento anémico, se librarán batallas decisivas que redefinirán industrias, alianzas y el propio equilibrio global.

Este reportaje, basado en las previsiones para 16 sectores clave, desentraña las paradojas que definirán este año recién nacido: un mundo que invierte billones en defensa mientras recorta en salud, que acelera la transición verde, pero abandona pactos climáticos, y que abraza la Inteligencia Artificial (IA) mientras se encierra tras barreras comerciales más altas.

Capítulo 1: la gran fragmentación geopolítica y sus costes

El telón de fondo de 2026 será un escenario de seguridad profundamente alterado. Por primera vez en la historia, el gasto militar global rozará los 3 billones de dólares, con una cifra concreta de 2.9 billones. Este incremento, del 6.5% interanual, no es una mera corrección inflacionaria, sino un cambio estructural.

La OTAN, presionada por las amenazas de Rusia y las ambiciones de China, habrá fijado formalmente el objetivo del 5% del PIB en defensa para 2035. Alemania, rompiendo décadas de tabúes, liderará la carga en Europa con un fondo especial de defensa de 100.000 millones de euros y financiación mediante deuda. En el este, Polonia podría alcanzar ese objetivo nueve años antes.

Estados Unidos cruzará un umbral psicológico y material: su presupuesto de Defensa superará el billón de dólares. Se debatirá abiertamente la construcción de un escudo antimisiles continental, el Golden Dome. Mientras tanto, China integrará la Inteligencia Artificial en sus sistemas de mando y control y probará plataformas hipersónicas y espaciales, en una carrera tecnológica que redefine la disuasión. Japón, por su parte, elevará su gasto hacia el 2% del PIB, enfocándose en misiles hipersónicos y robótica, y forjará una alianza naval con Australia.

Este frenesí armamentístico tendrá un coste social directo. Aunque el gasto global en salud aumente un 5%, superando los 11,8 billones de dólares, los gobiernos —ahogados por la deuda y comprometidos con el gasto militar— dejarán los sistemas sanitarios en un estado de tensión crónica. El caso más dramático se vivirá en Estados Unidos, donde prevén recortes de 80.000 millones de dólares a Medicaid, dejando a millones sin cobertura y hospitales al borde de la crisis. El golpe será global: la salida de Estados Unidos y Argentina de la Organización Mundial de la Salud (OMS) recortará un 15% su financiación, poniendo en peligro programas de vacunación infantil y contra el sida en las regiones más vulnerables. Será un año donde la seguridad nacional se priorizará sobre la seguridad humana.

Capítulo 2: la transición energética en una bifurcación

El sector energético encarnará como ningún otro las contradicciones de la era. En un hito simbólico crucial, las energías renovables (eólica, solar y otras, excluyendo la hidroeléctrica) generarán más del 30% de la electricidad global, superando por primera vez la participación del carbón. China, el mayor emisor del mundo, será el motor de este cambio, añadiendo más de 300 gigavatios de capacidad renovable—suficiente para alimentar a varias naciones europeas—, y se prevé que sus emisiones de carbón inicien por fin un declive.

Sin embargo, la celebración será prematura. Estados Unidos, bajo una administración ultra proteccionista, confirmará su salida del Acuerdo de París, enviando un shock geopolítico. Además, tras la captura y detención del líder venezolano Nicolás Maduro ordenada por Donald Trump, parece lejana la idea de que Washington abandone ahora los combustibles fósiles, pero también es posible que aumente su producción de carbón. India, en pleno desarrollo industrial, también incrementará su consumo de este mineral. Por otro lado, el interés por Venezuela no es nada casual: posee unas reservas estimadas de petróleo superiores a las de Arabia Saudí, el primer productor mundial.

La transición energética ya no describirá un camino único, sino que recorrerá dos autopistas divergentes: una hacia la descarbonización acelerada, de la mano de la Unión Europea, China en parte, y Japón; y otra hacia un nacionalismo energético que abraza todas las fuentes domésticas, sean estas limpias o no, con Estados Unidos y zonas emergentes de Asia.

Esta bifurcación creará un mercado volátil, según la previsión de The Economist. Los precios del gas natural licuado (GNL) se mantendrán altos, impulsados por la demanda europea y la producción costosa, mientras Europa inaugurará nuevos terminales de importación. La energía nuclear verá un modesto renacimiento como fuente de base baja en carbono, con Francia y Japón reactivando reactores y China comenzando nuevos proyectos. Pero la gran incógnita, y el mayor consumidor, será la inteligencia artificial (IA). Los voraces centros de datos dedicados a ella aumentarán la demanda eléctrica global un 3%, presionando a las redes eléctricas y planteando la pregunta incómoda de si la revolución digital alimentará o saboteará la transición verde.

Capítulo 3: la guerra comercial moldea la industria

El proteccionismo dejará de ser una amenaza retórica para convertirse en el principal arquitecto de las cadenas de suministro globales. El crecimiento del volumen del comercio mundial se estancará por debajo del 2%, una cifra anémica que refleja la nueva realidad. Las industrias, desde la automoción hasta la farmacéutica, se reorganizarán bajo el principio de la «seguridad» o la «soberanía» sobre la eficiencia.

El caso más paradigmático es el del automóvil. Este sector sufrirá una transformación traumática. Por un lado, las ventas globales de vehículos eléctricos se acelerarán un 15%, llegando a 24 millones de unidades, con China produciendo y consumiendo más de la mitad. Su dominio tecnológico y de costes es abrumador. Sin embargo, el mercado estadounidense, privado de incentivos y con metas de emisiones abandonadas, se estancará, con un crecimiento de solo el 2%, según los pronósticos de la prestigiosa revista británica. Marcas emblemáticas como Audi, Aston Martin y Honda retrasarán o cancelarán lanzamientos clave de vehículos eléctricos, lo que representará un giro estratégico monumental. La respuesta será una regionalización forzosa. Volkswagen y General Motors ampliarán sus plantas en Norteamérica. Stellantis organizará sus 14 marcas en fortalezas regionales. Mientras, los fabricantes chinos, bloqueados por Estados Unidos, inundarán Europa, América Latina y el Sudeste Asiático, con BYD produciendo localmente en Brasil, Hungría y Turquía. Europa, atrapada entre sus ambiciones verdes y el pánico industrial, elevará barreras comerciales mientras ve cómo los coches eléctricos chinos, más baratos, capturan el 18% de su mercado y deprimen los precios. Será una guerra fría comercial con ruedas.

Los efectos colaterales se harán evidentes. La industria farmacéutica, cuyas ventas alcanzarán 1.6 billones de dólares, impulsadas por los fármacos contra la obesidad, también se reconfigurará ante el nuevo escenario. Con la Casa Blanca imponiendo aranceles y siendo el 40% del mercado global, las farmacéuticas deslocalizarán su producción y ajustarán precios de forma asimétrica. El comercio minorista, con un crecimiento global de solo el 2%, verá ganadores inesperados: países con mercados internos grandes y baja exposición al comercio, como India (5% de crecimiento) y Filipinas (7%).

Capítulo 4: la revolución tecnológica en un mundo fragmentado

La IA será la protagonista indiscutible del año, pero su narrativa estará llena de claroscuros. Se estima que cuatro de cada cinco empresas habrán probado aplicaciones de IA generativa, frente a menos del 5% en 2023. Su uso se democratizará, desde Meta automatizando la creación completa de anuncios hasta los estudios de Hollywood empleándola para guiones, efectos y hasta réplicas de actores, con los Oscar modificando sus reglas para permitirlo. El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, predice que la IA comenzará a generar «ideas novedosas», no solo contenido.

No obstante, el mantra será difícil de monetizar. La brecha entre la experimentación y la rentabilidad será amplia, obligando a las empresas a reequipar procesos y capacidades. India, por ejemplo, identificará la necesidad de formar a un millón de trabajadores en IA. La carrera por el hardware subyacente será feroz. La empresa taiwanesa fabricante de semiconductores TSMC producirá los primeros chips de 2 nanómetros, que prometen aumentar la velocidad de computación entre un 10% y un 15%, mientras Samsung y la propia TSMC aceleran la construcción de plantas en suelo estadounidense.

Esta revolución chocará, sin embargo, con marcos regulatorios divergentes. La mayoría de las normas del estricto Reglamento de Inteligencia Artificial de la UE (IA Act) entrarán en vigor en agosto, mientras que otros países optarán por enfoques más laxos. La paradoja resultante es evidente. La tecnología más globalizada y conectada se desarrollará en un entorno de normas fragmentadas y desconfianza estratégica, particularmente en torno al acceso a los semiconductores y los datos.

Capítulo 5: tormentas perfectas, logística, metales y alimentación

Detrás de cada tendencia macro hay sectores concretos en ebullición. La logística global navegará por aguas literalmente peligrosas. El riesgo de un cierre del Estrecho de Ormuz por Irán o de nuevos ataques en el Mar Rojo obligará a desvíos masivos por el Cabo de Buena Esperanza, incrementando costes y plazos. Además, la industria enfrentará una escasez de 90.000 marineros calificados, agravada por el hecho de que rusos y ucranianos, tradicionalmente parte clave de esta fuerza laboral, están movilizados por la guerra en el este de Europa.

Los metales serán los termómetros de la transición. Sus precios subirán un 7% en promedio, con el níquel, vital para baterías, liderando el alza (+13%). La demanda de cobre, zinc y aluminio para infraestructura verde será feroz. Sin embargo, la producción se politizará. Indonesia prohibirá las exportaciones de níquel para impulsar su industria local, mientras China recortará la producción de acero y cobre. Occidente dependerá críticamente de suministros en manos de actores con los que las relaciones son tensas.

En alimentación, la oferta será abundante gracias a condiciones climáticas neutras (sin El Niño o La Niña severos), pero la mano de obra y la geopolítica alterarán el campo. En Estados Unidos, una campaña contra la migración ilegal afectará al 13% de la fuerza laboral agrícola, que es indocumentada. A nivel global, la Unión Europea implementará una estricta normativa que obligará a los importadores a demostrar que productos como el cacao o el aceite de palma no provienen de tierras recientemente deforestadas, sacudiendo las cadenas de suministro de las commodities.

Capítulo 6: los “qué pasaría si…” que pueden definir la década  

El informe de la unidad de inteligencia de The Economist no se limita a proyectar previsiones, sino que explora puntos de ruptura que podrían reconfigurar el mundo. Dos de ellos destacan por su potencial transformador.

La guerra por el agua. El tratado de aguas del Ganges entre India y Bangladesh, crucial para la irrigación y la supervivencia de millones, está pendiente de renovación en 2026. Bangladesh demanda más agua para la estación seca; India parece poco inclinada a ceder en este aspecto. Un colapso del acuerdo no sería solo un desastre humanitario, sino también un conflicto geopolítico en ciernes, que mostraría cómo el cambio climático exacerba las tensiones existentes hasta el punto de ruptura.

El dilema de las sanciones a Rusia. Un acuerdo de paz que ponga fin a la guerra de Rusia en Ucrania tendrá fuertes consecuencias no solo económicas sino también políticas. ¿Qué pasaría si Occidente levanta las sanciones a cambio del fin de las hostilidades?  El primer borrador de 28 condiciones que manejaba Trump así lo contemplaba pues incluía la idea de que Rusia sería reintegrada a la economía global. El texto decía literalmente: “El levantamiento de sanciones se discutirá y acordará por etapas y caso por caso”. El siguiente borrador, con 20 puntos, ya no recogía ese extremo.

El escenario del levantamiento de las sanciones aliviaría la inflación energética en Europa, desbloquearía el comercio y ofrecería una salida diplomática. Pero también premiaría la agresión, fracturaría la unidad occidental y plantearía un dilema moral de enormes proporciones. Sería el epítome de la política realista frente al principio.

En resumen, 2026 no será recordado como un año de grandes despegues o colapsos espectaculares, sino como un período de transición gestionada bajo una presión extrema. Será el año de la «gran divergencia», en políticas climáticas, en seguridad, en regulación tecnológica y en caminos de desarrollo económico.

Las empresas y los gobiernos que prosperen serán aquellos capaces de operar en una especie de esquizofrenia estratégica: comprometidos con cadenas de suministro globales mientras construyen redundancias locales; invirtiendo en defensa de alta tecnología mientras encuentran eficiencias en servicios públicos; abrazando la IA para ganar productividad mientras protegen sus sociedades de la desinformación y la disrupción laboral.

El informe de la EIU pinta un cuadro donde el optimismo tecnológico se ve constantemente matizado por el pesimismo geopolítico. La pregunta central para 2026 es si las fuerzas de la conexión y la innovación —el torrente de datos, la difusión de las renovables, el ansia por viajar y compartir experiencias— podrán contener, o al menos gestionar, las fuerzas de la división. La respuesta no está escrita, pero el mapa de los riesgos y las oportunidades, ahora, sí.

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