El conflicto bélico en el Golfo Pérsico cumple 12 días y la situación y posible desenlace podrían resumirse en una palabra: incertidumbre. La respuesta del régimen iraní atacando a sus países árabes vecinos, el nombramiento de Mojtaba Jameneí como sucesor del antiguo líder del país, su propio padre; y las declaraciones contradictorias del presidente estadounidense Donald Trump sobre el objetivo final de la ofensiva no dejan clara cuál puede ser la duración del conflicto armado ni su resultado final, las dos variables que evidentemente todos los líderes económicos y empresariales esperan conocer.
No parece de momento cercana la rendición total y la caída del régimen de los ayatolás como afirmaba Trump durante la primera semana de guerra. Pero la mayoría de los expertos descartan también que la capacidad de resistencia del país iraní vaya a desembocar en un conflicto de larga duración como la guerra en Ucrania.
Y entre esos dos polos extremos hay distintos escenarios intermedios posibles, en los que dos elementos clave marcarán la diferencia, en la opinión de la mayoría de los expertos en geopolítica y economía consultados por Industry TALKS: si se reabre sin problemas de minas el estrecho de Ormuz por el que circula el 20% de la producción mundial de petróleo y gas; y el grado de daños que las infraestructuras energéticas de la región hayan podido sufrir.
Por el momento, lo cierto es que el precio del petróleo ha escalado desde el entorno de los 70 dólares el barril previo a los primeros ataques, hasta el entorno de los 90-100 dólares en el que se mueve en las últimas jornadas después de haber tocado casi los 120 dólares en algún momento del pasado lunes.
Impacto directo en la competitividad industrial
Una volatilidad que lógicamente afecta de lleno a la actividad industrial en nuestro país, especialmente en las industrias electrointensivas. Todos los sectores industriales se ven afectados negativamente por este escenario internacional tras el estallido del conflicto bélico en el Golfo Pérsico, salvo el de defensa, coinciden los analistas. Un sector que ya venía creciendo, especialmente en Europa, por los planes de rearme tras el estallido de la guerra entre Rusia y Ucrania. Y que, ahora, con la respuesta de Irán a la ofensiva de Estados Unidos e Israel atacando a terceros países incluso europeos, parece que cobrarán más fuerza durante al menos algunos años.
Pero las consecuencias no se detienen ahí. Funcas ya ha estimado que la inflación podría situarse por encima del 3% hasta el verano. Y calcula que el PIB se vería recortado en dos décimas. La incertidumbre y la inflación acaban afectando al conjunto de la economía y a la industria. «Yo descuento que va a subir la inflación y nos podemos encontrar con una muy mala situación en la que los bancos centrales tendrán que elegir entre subir los tipos de interés para contener los precios. O reducir los tipos para evitar una contracción de la actividad económica», explica Rafael Pampillón, catedrático de economía de la Universidad San Pablo CEU y profesor de IE Business School, en una reciente entrevista concedida a Industry TALKS.
Riesgos en la cadena de suministro global
Por su parte, Raymond Torres, director de coyuntura de Funcas, reflexiona que «en España ya teníamos alguna dificultad para contener la inflación; y ahora cualquier repunte es trasladado a los precios por las empresas y termina reflejándose también en los salarios, así que no descarto que el BCE mantenga su línea de prudencia y decida una subida de tipos de interés. Lo que termina dañando el poder adquisitivo».
La industria afronta un periodo de mayores costes de producción por el alza de la factura energética, especialmente si el petróleo llegase a estabilizarse definitivamente por encima de los 100 dólares el barril. Santiago Carbó, catedrático de economía del Colegio Universitario de Estudios Financieros (Cunef) e investigador del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), señala que si el conflicto se alarga se podrían decidir cierres de horarios de producción por escasez o desabastecimiento. «Las reservas de petróleo sirven para unos meses… Pero el problema es que esta región es un avispero, por lo que la incertidumbre es mayor y la solución mucho más compleja», añade Carbó.
Un escenario que parece complicado a día de hoy, pero con el que Daniel Lacalle, economista jefe de Tressis SV, es más optimista a medio y largo plazo: «Hay mucha volatilidad en los mercados, pero se termina corrigiendo. No escasea, sino que sobra petróleo en el mundo y Ormuz hace tiempo que no es un problema para el suministro mundial. El crudo no causa inflación, es consecuencia de la inflación. Si el precio se eleva por encima de los 100 dólares, se reduce su consumo… y el petróleo es muy sensible a la demanda. Si la guerra en Irán se alargase, el precio del petróleo se terminará normalizando como ya ocurrió tras las primeras alzas por el estallido de la guerra en Ucrania. En economía es peligroso aplicar las palabras ceteris paribus, pensar que el resto de variables van a mantenerse invariables. El precio terminará donde estaba, en el entorno de los 60 y 70 dólares el barril».
También se vislumbran problemas en las cadenas de suministro. El conflicto en el Golfo Pérsico repercute igualmente en el gas, y en otras materias primas necesarias para la industria. Especialmente, en los fertilizantes, destaca Carbó. Arabia Saudí, Catar y Omán son de los mayores exportadores mundiales.
Pero no solo. El Golfo es un centro masivo de producción de etileno, propileno y nafta, básicos para fabricar plástico, resinas, caucho sintético y fibras textiles, lo que tendrá consecuencias sobre todo en la industria petroquímica y la de plásticos. También se ve afectada la farmacéutica, porque algunos principios activos (API, Active Pharmaceutical Ingredient) básicos para los medicamentos viajan desde India a Occidente atravesando esta zona. Asimismo, las industrias automotriz, aeroespacial, de aviación, defensa, electrónica de consumo, envases, embalajes y maquinaria industrial, así como las de energías renovables y la de infraestructuras. Y es que algunas naciones de la región albergan varias de las fundiciones de aluminio más grandes del mundo: Emiratos Árabes Unidos (EGA) y Baréin (Alba).

Además, Pampillón advierte de que la industria española podría afrontar nuevos problemas para las exportaciones: «España ya tenía una mayor inflación que la media europea y ahora, si se produce una nueva alza, se pierde competitividad y eso dificulta las exportaciones. Además, Alemania, Francia e Italia no crecen y la postura del gobierno español enfrentado al estadounidense suma nuevas dificultades».
Estrategias frente a la volatilidad energética
Un análisis con el que coincide Lacalle: «El mayor estímulo para la economía española no han sido ni los fondos europeos ni el turismo. Ha sido la bajada del precio del petróleo, que ha impulsado las exportaciones. Por lo que es un desatino ponerse en contra de nuestro mayor proveedor de gas y petróleo, que es Estados Unidos. Lo que, además, no tendrá las consecuencias apocalípticas que se dicen por un boicot del país norteamericano, pero si tendrá algunas consecuencias en contratos de gas natural licuado (GNL) y de defensa». Según Lacalle, el principal problema de la industria española está relacionado con el gas e irá a peor si no se corrige la postura gubernamental con EEUU y Argelia.
Así las cosas y con las lecciones de 2022, cuando estalló una guerra entre Rusia y Ucrania aún no finalizada, la industria de nuestro país, coinciden los expertos, debe buscar soluciones de largo plazo al precio de la factura energética que permitan evitar la volatilidad de las cotizaciones en los escenarios de crisis internacionales como los de hace tres años y el actual.
Lacalle enfatiza que «la industria española no debe hacer contratos a corto plazo confiando en que van a bajar los precios, sino a largo plazo. El problema no es de suministro, sino de precio. La lección aprendida debería ser dejar de estar expuesta a los precios de la energía spot (precios al contado). Es una locura estar tan expuestos al corto plazo. Cuando sale bien es genial porque se aumentan los márgenes, pero ya se dijo en 2022 que había que evitarlo y no se ha hecho. Jugar a beneficiarse del margen cuando bajan los precios supone un problema mayor cuando suben. Lo más importante es que las empresas se preparen para un mercado energético que siempre ha sido volátil históricamente. Hay que cambiar la mentalidad y tomar posiciones a largo en vez de jugar a ser traders. Y lo mismo con el cambio euro-dólar. Hay que cubrirlo y no estar impactados por las oscilaciones de los mercados de divisas».
Una recomendación con la que coincide Carbó: «Hay que cubrir los riesgos de las subidas de precios con mayores plazos en los suministros, sobre todo en aquellas industrias que sean muy dependientes de los costes de la energía. Y reemplazar las fósiles en todo lo posible por otro tipo de fuentes. La seguridad y la estabilidad tienen un precio, y hay que pagarlo».
Por su parte, Torres subraya que este tipo de decisiones han comenzado a aplicarse en cierta medida y ya tienen resultados positivos: «Afortunadamente ha subido el peso de las renovables, que inmuniza un poco más a la industria española de los efectos de este conflicto. Y también se han multiplicado los contratos a largo plazo, pero hay que incidir mucho más en este factor para evitar los efectos de la volatilidad de la energía. Es una de las soluciones».
Soberanía energética y recursos propios
No obstante, el problema va más allá de las cotizaciones del petróleo y el gas en los mercados, en opinión de Lacalle y Torres. El economista jefe de Tressis SV señala que Europa y España siguen teniendo el problema de depender en exceso del GNL de Rusia (España es el quinto mayor comprador de gas de este país), por lo que cree que se debe volver a considerar la energía nuclear, evitar las prohibiciones a la minería de cobre, litio y carbón, y permitir el desarrollo de reservas propias de gas. «La industria española y europea deben exigir a los gobiernos que la política energética esté centrada en asegurar el suministro, la asequibilidad y la competitividad».
Y es que, como añade el director de coyuntura de Funcas, la industria europea tiene 2,5 veces más de coste energético que la estadounidense y la china: «Esto afecta a la competitividad, por lo que es muy necesario seguir creciendo en energías renovables y reducir la dependencia de las fósiles. Y las nucleares también han de formar parte de la autonomía energética, aunque menos por la necesidad de uranio. Además, se deben multiplicar las interconexiones. Y tomar medidas frente a la importación porque el impuesto al carbono en frontera no es suficiente a mi juicio».
Lacalle subraya una recomendación a las empresas industriales: «Así no se puede crecer. No se puede esperar energía más barata si no se reclama. La industria es muy temerosa de la autoridad, pero no es cierto que para que el negocio vaya bien haya que llevarse bien con la autoridad».
Y un telón más de fondo con impacto: la incertidumbre frena las decisiones de inversión. Y, en en este escenario, la incertidumbre es, precisamente, la sensación que puede acompañar por un tiempo al sector industrial. «Hay un déficit de inversión y este contexto, a no ser que se encauce, siempre es un freno para la inversión. Y retrae grandes proyectos».

