JORNADA

Anese inaugura su IV Congreso con un llamamiento a acelerar la eficiencia energética y la descarbonización

El IV Congreso de Anese ha arrancado con un llamamiento a acelerar la transición energética mediante inversiones, proyectos de eficiencia y soluciones que permitan reducir costes, reforzar la industria y disminuir la dependencia de los combustibles fósiles. La inauguración institucional y la ponencia magistral han situado la eficiencia energética en el centro de la respuesta a la volatilidad de los mercados, los desafíos geopolíticos y la emergencia climática.

Durante la apertura, Janis Rey, presidenta de Anese, ha destacado el momento decisivo que atraviesa el sector energético, marcado por la incertidumbre geopolítica, la evolución regulatoria y las crecientes exigencias de competitividad. «Es un momento complejo, pero creemos desde ANESE que es también una gran oportunidad para el sector», ha afirmado.

Rey ha subrayado el papel de las empresas de servicios energéticos en la transformación de la economía, gracias a su capacidad tecnológica, su conocimiento y su potencial inversor. La eficiencia energética, la descarbonización y la incorporación de nuevas tecnologías constituyen, a su juicio, herramientas fundamentales para mejorar la competitividad industrial, reducir la dependencia energética exterior y avanzar hacia un modelo económico más sostenible.

La presidenta de Anese también ha puesto el foco en los resultados del Observatorio de Eficiencia Energética 2026, que reflejan una evolución positiva del sector tanto en facturación como en inversión. Entre los avances más relevantes, ha destacado la consolidación de los certificados de ahorro energético (CAE): más del 80 % de las empresas consultadas participa ya en este sistema, según los datos presentados.

«Una energía utilizada de manera más eficiente significa menor coste, mayor competitividad para nuestras empresas y una mayor capacidad para hacer frente a estos desafíos», ha señalado. No obstante, ha advertido de la necesidad de seguir impulsando la inversión, facilitar el desarrollo de proyectos y avanzar en nuevos modelos de financiación.

La agenda del congreso aborda, además, cuestiones como la descarbonización industrial, la digitalización, la inteligencia artificial, la financiación sostenible y las oportunidades vinculadas al almacenamiento y la flexibilidad energética. Rey ha cerrado su intervención reivindicando la colaboración público-privada y la materialización de los compromisos en actuaciones concretas: «La transición energética no son solo objetivos y compromisos, es sobre todo decisión, inversiones y proyectos tangibles».

La inauguración ha contado también con la intervención de Joan Groizard, secretario de Estado de Energía del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, quien ha defendido la eficiencia energética como una de las principales herramientas para reducir la dependencia exterior y reforzar la seguridad del suministro en España y Europa.

Groizard ha advertido de la vulnerabilidad que supone depender de los combustibles fósiles en un contexto de crisis internacionales recurrentes. «Mientras Europa siga dependiendo de combustibles fósiles, seguirá expuesta a crisis energéticas provocadas por conflictos que muchas veces no podemos controlar», ha señalado.

En este sentido, ha reivindicado el principio europeo de priorizar la eficiencia energética antes de tomar decisiones sobre nuevas inversiones o infraestructuras. «Este Energy Efficiency First no es un lema, es una forma de decidir», ha explicado, defendiendo que el sistema energético debe cubrir las necesidades reales con el menor consumo posible.

El secretario de Estado ha relacionado este objetivo con los tres grandes retos de la política energética europea: sostenibilidad, seguridad de suministro y precios asequibles. Según ha expuesto, cada mejora de un punto porcentual en eficiencia energética puede reducir un 2,6 % las importaciones de gas, mientras que una gestión más inteligente de la demanda podría disminuir hasta un 35 % las necesidades futuras de inversión en redes eléctricas.

Groizard también ha destacado el potencial económico de estas actuaciones. De acuerdo con las cifras citadas en su intervención, cada euro invertido en eficiencia energética puede generar alrededor de 12 euros de ahorro durante su vida útil en el sector residencial y cuatro euros en el industrial.

El representante del Gobierno ha reconocido, asimismo, el papel de las empresas de servicios energéticos para convertir los objetivos regulatorios en resultados concretos. «No podemos evitar las crisis internacionales, no podemos controlar los precios de los combustibles fósiles, pero sí que podemos trabajar para que nos afecten menos», ha afirmado.

La ponencia magistral: crecer más, consumir menos y reducir emisiones

La ponencia magistral, a cargo de Paula Ceballos, analista política y experta en Energía en la Representación de la Comisión Europea en España, ha abordado la relación entre transición energética, transformación del modelo productivo y competitividad económica.

Ceballos ha defendido que España está avanzando hacia un modelo capaz de combinar crecimiento económico y reducción de emisiones. Como ejemplo, ha señalado que entre 2015 y 2024 las emisiones del país descendieron un 19 %, mientras que la intensidad energética mejoró a un ritmo medio del 2,4 % anual desde 2015, es decir, cada año se ha necesitado menos energía para generar cada euro de riqueza.

«Crecemos más, emitimos menos y lo hacemos con menos consumo de energía», ha resumido. Para la experta, estos datos evidencian que la transición energética no constituye únicamente una respuesta a la emergencia climática, sino también una oportunidad para mejorar la productividad y aprovechar los recursos de forma más inteligente.

Durante su intervención, ha repasado los orígenes del modelo de servicios energéticos, surgido al calor de las crisis del petróleo de los años setenta. La idea central, ha explicado, consiste en dejar de considerar la energía como un fin en sí mismo y poner el foco en los servicios y resultados que necesitan las empresas y los ciudadanos.

«Nadie tiene como producto final un kilovatio hora», ha señalado, aludiendo a que las necesidades reales son disponer de agua caliente, mantener los edificios a una temperatura adecuada o garantizar que los procesos industriales funcionen. A partir de este planteamiento, el modelo de servicios energéticos busca proporcionar esos resultados utilizando menos energía y vinculando, en determinados contratos, la remuneración al ahorro conseguido.

La ponente ha destacado también la evolución de los certificados de ahorro energético (CAE) como uno de los instrumentos que están contribuyendo a movilizar inversiones en España. Según los datos expuestos, el sistema ha pasado de unos 700 expedientes tramitados en 2024 a alrededor de 4.000 en 2025, con cerca de 7.000 en lo que va de 2026.

La industria concentra aproximadamente la mitad del ahorro asociado a las actuaciones, mientras que el ámbito residencial aporta un número elevado de intervenciones de menor tamaño. Para Ceballos, estos resultados muestran la capacidad de los instrumentos de eficiencia energética para transformar las decisiones de inversión en ahorros medibles.

La experta ha insistido en que la eficiencia energética debe entenderse también como una decisión económica y estratégica. La electrificación, las bombas de calor, la mejora del aislamiento y la optimización de los procesos industriales permiten reducir consumos, amortiguar las fluctuaciones de los precios energéticos y mejorar la resiliencia de empresas y hogares.

En este contexto, ha defendido que la tecnología disponible debe ir acompañada de financiación, confianza y capacidad para trasladar las soluciones a la práctica. Aunque la viabilidad técnica y económica de muchas actuaciones está demostrada, la adopción sigue requiriendo trabajo de información y acompañamiento a los usuarios.

«Lo que ha cambiado en estos años es la tecnología, la técnica, la madurez que ha hecho que la sostenibilidad y la eficiencia vayan de la mano», ha afirmado.

Ceballos ha concluido reivindicando el impacto directo del ahorro energético sobre la vida cotidiana y la actividad productiva. «Cada megavatio hora que ahorráis contribuye a esas tres cuestiones: que la familia llegue mejor a final de mes, que la industria pueda seguir abierta y que los pueblos estén mejor protegidos ante la crisis climática».

La inauguración y la ponencia magistral han coincidido así en un mensaje central: la eficiencia energética ha dejado de ser una medida complementaria de la transición ecológica para convertirse en una herramienta estratégica de competitividad, autonomía energética y protección frente a las crisis.

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