ENTREVISTA

Aitor Moreno, LKS Next: “La computación cuántica es la única gran oportunidad que tenemos para construir industria propia”

LKS Next es una organización que opera en la intersección entre la ingeniería tradicional y las tecnologías exponenciales, acompañando a empresas y administraciones públicas en su transformación digital. Combina conocimiento sectorial, datos, software e innovación para integrar tecnologías emergentes, como la inteligencia artificial o la computación cuántica, en procesos existentes. Aitor Moreno, responsable de Tecnologías y Sistemas Cuánticos en LKS Next, ha comentado en esta entrevista para industry TALKS que no quieren que "el talento tenga que marcharse fuera para aplicar la computación cuántica”.

¿Qué es LKS Next y cuál es el objetivo principal que tenéis?

Cuando me preguntan qué es LKS Next, pienso en un equipo en cooperación que trabaja en el punto donde se encuentran la ingeniería de siempre y las tecnologías exponenciales que ya están cambiando la manera en la que entendemos nuestra industria, nuestros servicios, y nuestra sociedad. Estamos muy cerca de los entornos reales de nuestros clientes, desde plantas productivas hasta administraciones públicas, pero siempre con la mirada puesta en las capacidades tecnológicas que marcarán la próxima década, e incluso, con la velocidad innovadora actual, los próximos 3-5 años. Ese equilibrio define nuestra forma de trabajar.

Nuestro objetivo es acompañar a las organizaciones para que entiendan qué capacidades digitales necesitan, cómo pueden tomar decisiones basadas en datos y cómo integrar las mejores tecnologías emergentes en procesos que llevan años funcionando, de forma personalizada y siempre buscando la mayor eficiencia. Con la computación cuántica, este papel se amplía porque no se trata solo de asesorar. Existe una responsabilidad clara en que esta tecnología se desarrolle aquí, en la que ya somos líderes a nivel europeo, con el objetivo de impulsar un tejido industrial local y nuevo, que nos permita generar riqueza y asegurar un futuro próspero para nuestras futuras generaciones. Las tecnologías cuánticas son, a mi parecer, la única oportunidad que tenemos. Y en este camino es importante que las empresas puedan empezar a conocer el para qué, el cómo, el dónde tiene aplicación, y que puedan usarla desde el principio y que el talento no tenga que marcharse fuera para aplicarla. La transferencia tecnológica y la creación de industria local son tan importantes como la tecnología en sí.

En LKS Next llevamos muchos años anticipando tecnologías y adoptándolas antes de que se vuelvan masivas. Ya lo hicimos con la inteligencia artificial y ahora nos toca hacerlo con la cuántica, integrándola en un ecosistema que combina datos, ingeniería, software y conocimiento sectorial para que aporte un valor tangible.

¿Cómo definiría el momento actual de la computación cuántica?

Diría que estamos en un momento que combina cierta extrañeza con una oportunidad evidente. Extrañeza porque conviven sistemas que todavía cometen errores con capacidades que hace pocos años parecían inalcanzables. Y oportunidad porque, por primera vez, cualquier empresa puede experimentar con computación cuántica sin necesidad de contar con un laboratorio criogénico o infraestructura especializada.

Durante mucho tiempo la cuántica ha sido una tecnología con un potencial enorme, pero restringida a entornos académicos. Entre 2024 y 2025 se produjo un avance que aceleró de forma clara su paso del laboratorio al día a día. Los qubits han ganado estabilidad, la fidelidad de los sistemas ha mejorado y los mecanismos de mitigación de ruido permiten ejecutar circuitos más profundos manteniendo una calidad de resultados útil para tareas concretas. Este conjunto de mejoras creó el punto de inflexión que muchos intuíamos, aunque no estaba claro cuándo iba a llegar.

Ese cambio ha convertido la cuántica en una herramienta práctica. No resolverá todos los problemas, pero sí empieza a aportar valor en escenarios muy específicos. Lo más llamativo es la velocidad del progreso. Hace unos años programar un algoritmo cuántico era algo reservado a perfiles muy especializados. Hoy cualquier empresa puede acceder desde la nube a máquinas funcionales o a emuladores de alta fidelidad sin preocuparse por la física que hay detrás. La conversación ha pasado de centrarse en la infraestructura a centrarse en el problema que se quiere resolver, en la efectividad de las soluciones cuánticas frente a sus homólogos cuánticos (IA cuántica, optimización cuántica, simulación cuántica, comunicaciones y sensórica cuántica), en dónde, en todos los contextos la precisión y la especificidad de los resultados, gracias a la matemática y el álgebra que soporta los modelos de búsqueda, de IA y se generación y validación de nuevos escenarios, es mucho más rica, potente y computacionalmente más simple que la clásica. Así de simple. Los resultados siempre son más eficientes, y estamos en el comienzo.

También está el aspecto social. La cuántica ha dejado de ser un concepto lejano que aparece en libros o películas. Se habla de ella en los medios, en conferencias y en universidades de disciplinas muy distintas. La declaración de 2025 como Año Internacional de la Ciencia y la Tecnología Cuánticas y la estrategia común que Europa ha trazado muestran que esta tecnología ya forma parte de un debate público más amplio, algo que no había ocurrido hasta ahora con un campo tan complejo.

¿Cómo encaja la computación cuántica dentro de la estrategia tecnológica global de LKS Next?

Para nosotros la computación cuántica no es una línea independiente ni un espacio experimental separado del resto de la compañía. Es una pieza que completa una arquitectura tecnológica que ya estaba muy madura en inteligencia artificial, analítica, HPC, ingeniería de software, ciberseguridad y sistemas industriales. La forma en la que trabajamos consiste en identificar en qué momento un proceso, un algoritmo o un modelo empieza a mostrar limitaciones y analizar si una aproximación cuántica o híbrida puede aportar un rendimiento adicional.

La integración se hace desde una perspectiva completamente práctica. No buscamos sustituir la tecnología existente, sino reforzar aquellos puntos donde la computación clásica se queda corta. Puede tratarse de un problema de optimización, de precisión en un modelo predictivo o de una simulación demasiado compleja para los métodos habituales. Cuando aparece ese cuello de botella, incorporamos un bloque cuántico que se ejecuta en la nube y devolvemos el resultado al flujo de trabajo para que el proceso continúe con normalidad.

Esta manera de integrar la cuántica se apoya en algo esencial. No basta con conocer los algoritmos. Hay que entender a fondo la realidad industrial en la que se aplican. Y ahí es donde nuestro conocimiento de sectores como la energía, la logística, la fabricación o la salud marca la diferencia, porque permite que estas capacidades emergentes encajen de verdad en problemas reales y generen valor desde el primer momento.

¿En qué áreas industriales está empezando a tener más impacto real la computación cuántica?

El impacto de la computación cuántica hoy se concentra en tres grandes ámbitos que comparten un mismo patrón. Todos afrontan problemas con una complejidad tan elevada que los métodos clásicos han sido, por definición, insuficientes o inestables. El primero es la optimización. Hablamos de logística global, asignación de recursos, planificación de turnos, gestión de flotas o equilibrio de redes energéticas. Cuando miles de variables cambian en cuestión de minutos, los métodos tradicionales trabajan casi por aproximación. La cuántica introduce nuevas heurísticas de búsqueda que pueden aportar ventajas en determinados escenarios de optimización, especialmente cuando la variabilidad es alta y los modelos clásicos dejan de ser consistentes.

El segundo ámbito es la inteligencia artificial cuántica. No pretende sustituir a la IA clásica, sino abrir espacio a modelos híbridos que pueden mejorar la sensibilidad y la capacidad de detección en problemas muy concretos. Casos como la detección de fraude, las anomalías en ciberseguridad o la predicción de fallos complejos muestran cómo estos modelos pueden explorar patrones que a veces se escapan a los enfoques tradicionales.

El tercero es la simulación, especialmente en química, materiales y biomedicina. Poder simular moléculas, materiales o procesos químicos sin recurrir a simplificaciones forzadas abre posibilidades enormes en farmacia, química, salud o incluso en sectores como la construcción. Es uno de los ámbitos donde veremos un progreso significativo en los próximos años porque la simulación a nivel cuántico encaja de forma natural con este tipo de problemas.

A todo esto se suma la ciberseguridad en un mundo post cuántico. La protección de identidades digitales, comunicaciones y dispositivos es una prioridad para cualquier organización que quiera anticiparse. La transición hacia mecanismos resistentes a la cuántica y la adopción temprana de criptografía post cuántica serán esenciales para proteger los sistemas en los próximos años.

¿Podría contarnos algún proyecto concreto en el que LKS Next ya esté aplicando tecnologías cuánticas o híbridas cuántico-clásicas?

Si tuviera que elegir, hay tres proyectos que representan muy bien lo que ya es posible hoy con tecnologías cuánticas y modelos híbridos.

El primero es Lamassu. Es una solución de identidad digital para dispositivos IoT que incorpora criptografía post cuántica y que ya se está utilizando en entornos de producción. No es un concepto ni un ejercicio de laboratorio. Muchas organizaciones han entendido que la transición hacia comunicaciones seguras en un futuro cuántico exige empezar a integrar estos mecanismos ahora, y Lamassu les permite hacerlo de manera práctica.

El segundo es uno de los proyectos más humanos que tenemos. Se trata de un estudio cuántico orientado a la búsqueda de nuevas terapias para enfermedades neurodegenerativas raras en niños. Utilizamos algoritmos híbridos que combinan optimización cuántica e inteligencia artificial avanzada para acelerar fases del análisis computacional donde se manejan espacios de búsqueda inmensos, lo que permite reducir tiempos en procesos críticos. Esa aceleración supone un apoyo importante para los equipos científicos implicados.

El tercero es más cercano al territorio. Es el proyecto del vino Kube. Partimos del vino ideal que queríamos obtener y retrocedimos hasta el viñedo utilizando sensórica IoT, inteligencia artificial y técnicas cuánticas. Los datos se recogían con una frecuencia muy alta, del orden de cada veinte minutos, y esa información alimentaba modelos que ajustaban cada decisión del proceso. El resultado final coincidió casi punto por punto con el modelo inicial, y demuestra que la cuántica también puede tener impacto en ámbitos como la cultura, la gastronomía o la identidad de un territorio.

Desde el punto de vista de una empresa industrial, ¿cómo se integra la computación cuántica con los sistemas IT y OT actuales?

La integración es mucho más sencilla de lo que suele imaginarse. La empresa mantiene sus sistemas IT y OT tal como están. Sus plataformas de gestión, sus redes de planta y sus sistemas SCADA o MES continúan controlando los procesos sin ningún cambio. La computación cuántica no sustituye nada. Lo que ocurre es que, cuando aparece un cálculo especialmente complejo y sabes que un solver clásico va a sufrir, ese cálculo se empaqueta y se envía a un backend cuántico o a un emulador. La nube ejecuta ese bloque y devuelve el resultado para que el proceso siga funcionando con normalidad.

En la práctica es como contar con un especialista externo al que consultas solo cuando tienes un caso muy concreto. Responde rápido, no interfiere en el funcionamiento de la fábrica y actúa únicamente en el punto donde la computación clásica muestra sus límites.

La única condición para que esto funcione de manera sólida es la calidad del dato. Sin un gobierno del dato adecuado, ningún modelo cuántico aporta una mejora significativa. Cuando el dato está bien gobernado, el salto puede ser considerable y la integración se vuelve completamente transparente para la operación diaria.

De hecho, LKS Next tiene sus propias metodologías de integración de soluciones cuánticas aplicadas a entornos reales. Por una parte, la metodología QRISP-LKS, permite asegurar, desde la ideación de un caso de uso, hasta su despliegue final, que el proyecto consigue un valor añadido sobre los procesos que el cliente ya tiene, pasando por la generación de un informe previo cuantitativo de la calidad de los datos, (al igual que en los proyectos clásicos), y confirmando, de forma medible la eficiencia del resultado final  desde un punto de vista analíticamente cuántico. Para ello, se toma como base de mejora los sistemas ya existentes en los clientes, ya sean basados en metodologías estadísticas, en IA clásica o avanzada, o en sistemas tradicionales de optimización o simulación, y se comparan con los modelos cuánticos implantados, que los deben mejorar. De esta forma, aseguramos que la implantación tiene un valor real y medible. Y por otro lado, la metodología Quantum-OPS, que nos permiten integrar los “workflows” cuánticos en los procesos de negocio de los clientes de la misma manera que se integran el resto de los sistemas informáticos.

¿Cómo imagina el papel de la computación cuántica en la industria dentro de diez años?

Si pienso en cómo será la situación dentro de diez años, imagino una computación cuántica completamente normalizada. No se hablará de ella como una novedad disruptiva, igual que hoy nadie presenta la nube como algo extraordinario. Formará parte del tejido digital y se utilizará de manera natural. La diferencia estará en quién aprendió antes.

Las empresas que están experimentando ahora, incluso equivocándose, están construyendo una capa técnica, de conocimiento, de legado, y de soberanía algorítmica que será decisiva en el futuro. Ya existe una oportunidad competencial con la cuántica, que se ha perdido con otra tecnologías, como por ejemplo, la IA Generativa. Las empresas que hace 10 años integraban IA en sus procesos, tenían una ventaja competitiva clara sobre el mercado, que hoy se ha perdido. Tener IA en la empresa es obligado. En 5 años o menos, ocurrirá lo mismo con las tecnologías cuánticas. Aquellas que ya hayan empezado, y hay muchas empresas de nuestro entorno trabajando ya en proyectos de tecnologías cuánticas aplicadas, llegarán mejor preparadas para aprovechar máquinas más fiables cuando estén disponibles y sabrán diseñar procesos híbridos que combinen de forma eficaz lo clásico y lo cuántico. Ese aprendizaje temprano es lo que creará las ventajas competitivas más sólidas.

También habrá otro cambio importante. Las organizaciones no competirán por tener hardware propio porque el acceso a las máquinas cuánticas estará completamente centralizado en la nube y se consumirá con modelos de uso flexibles. La ventaja no vendrá del equipamiento, sino del talento y de la generación de un software cuántico propio que nos permita liderar una soberanía real europea. Y es importante saber que este conjunto de algoritmos cuánticos propios, junto con la fabricación, integración, producción, control y modelado de sensores cuánticos, y la capacidad de producción de hardware local en comunicaciones cuánticas,  son los nichos de oportunidad en los que podemos ser diferenciales, (y lo somos ya), a nivel internacional. Para ello, los perfiles híbridos que combinan conocimiento de negocio, ingeniería, física, datos y software serán imprescindibles. Y también los tenemos, y así nos lo reconocen en Europa. Es una capacidad que hemos desarrollado ya, con mucho esfuerzo e ilusión, gracias a un gran Ecosistema Cuántico con el que contamos (desde Administraciones Públicas, Universidades, Centros de Investigación y tecnológicos, startups, y empresas innovadoras, todos a una, comprometidas con el futuro que nos espera), pero que debemos cuidarlo y mantenerlo. Y ese es el gran reto. Teneos que creer en ello, ser líderes, impulsarlo seguros de que la cuántica es el presente y el futuro inmediato, porque si no, vendrán otros y lo harán por nosotros, y volveremos a ser usuarios finales y no generadores de esta nueva industria. No podemos permitir que este salto tecnológico se produzca lejos de nuestro entorno. Tenemos los ingredientes necesarios para liderarlo y es el momento de aprovecharlos. El futuro de nuestras próximas generaciones está en nuestras manos, ahora. No podemos esperar a que “prueben otros”, si no, será demasiado tarde.

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