La operación se ha convertido en un caso de continuidad industrial: una empresa con instalaciones, maquinaria, clientes y capacidad productiva que atraviesa graves dificultades financieras, pero cuyo negocio todavía puede tener recorrido bajo una nueva estructura empresarial. El desafío ahora es convertir esa continuidad en una recuperación sostenible.
Una deuda que superó las previsiones iniciales
El punto de inflexión llegó el 17 de abril de 2026, cuando Papresa solicitó el concurso voluntario de acreedores. La empresa calculaba entonces que su deuda rondaba los 70 millones de euros, una cifra que reflejaba la dimensión de sus dificultades financieras y la necesidad de encontrar una solución que evitara el cierre de la actividad.
Sin embargo, la situación resultó ser más compleja. La documentación definitiva de la administración concursal, conocida en septiembre, elevó la deuda reconocida a 133,23 millones de euros, repartidos entre 131,38 millones de créditos concursales y 1,85 millones de créditos contra la masa. El procedimiento identificó alrededor de 460 acreedores, entre entidades financieras, proveedores industriales, empresas energéticas, administraciones públicas y trabajadores.
La diferencia entre ambas cifras no significa que Papresa generase más de 60 millones de euros adicionales de deuda en unos meses. Los 70 millones constituían una estimación inicial, mientras que el importe posterior procede de la revisión y el reconocimiento de los créditos dentro del procedimiento concursal.
El caso pone de relieve las dificultades que puede afrontar una fábrica industrial cuando se acumulan obligaciones financieras y comerciales. En una papelera, mantener la actividad requiere disponer de materias primas, energía, transporte y suministros especializados. La falta de liquidez puede terminar afectando a toda la cadena productiva, incluso cuando las instalaciones conservan capacidad para fabricar y vender.
De fabricar papel prensa a apostar por el embalaje
La crisis de Papresa no se entiende sin analizar la transformación que había iniciado años antes. Durante buena parte de su historia, la compañía estuvo especializada en papel prensa, utilizado para imprimir periódicos. Sin embargo, la digitalización de los medios redujo progresivamente la demanda de este producto y obligó a la industria a buscar nuevas oportunidades.
La entrada del fondo alemán Quantum Capital Partners en 2020 marcó un cambio estratégico. La empresa decidió mantener su actividad histórica, pero destinar parte de su capacidad productiva al papel para embalaje, utilizado, entre otros productos, en la fabricación de cartón ondulado para cajas.
La reconversión de una de sus máquinas principales, la PM5, fue uno de los elementos centrales de esa estrategia. El proyecto supuso una inversión de alrededor de 30 millones de euros y permitió adaptar la línea a la fabricación de papel para embalaje. Formaba parte de un plan inversor más amplio, valorado en unos 50 millones de euros.
La apuesta respondía a una transformación estructural del mercado. Mientras la lectura digital presionaba el consumo de papel prensa, el comercio electrónico y la demanda de embalajes abrían nuevas oportunidades para los fabricantes de papel reciclado.
Papresa buscaba así diversificar sus ingresos sin abandonar por completo su actividad tradicional. La fábrica mantuvo líneas destinadas al papel prensa y desarrolló capacidad para producir materiales de embalaje, con el objetivo de competir en mercados distintos y aprovechar mejor sus instalaciones.

Pero una reconversión industrial no garantiza por sí sola la rentabilidad. Las inversiones en maquinaria necesitan volumen de producción, clientes, financiación y márgenes suficientes para amortizarse. La evolución de Papresa demuestra que una estrategia industrial con lógica de mercado puede convivir con dificultades financieras que terminen comprometiendo la continuidad del negocio.
CL Grupo Industrial entra en escena
La solución llegó con CL Grupo Industrial, conglomerado extremeño con actividad en distintos sectores industriales y presencia previa en el negocio del papel y el packaging. El grupo presentó una oferta vinculante para adquirir la unidad productiva de Papresa y mantener su actividad.
El 15 de junio de 2026, el Juzgado de lo Mercantil número 1 de San Sebastián autorizó la operación, con un importe anunciado de aproximadamente 39,3 millones de euros. La adquisición se articuló a través de Papelera del Oiartzun, sociedad designada por el grupo para hacerse cargo de los activos y la actividad industrial.
El precio de la operación no debe confundirse con el volumen total de deuda de Papresa ni con el coste económico completo del proyecto. La oferta contemplaba distintas partidas, entre ellas pagos en efectivo, obligaciones asumidas con determinados acreedores, necesidades de capital circulante y recursos para poner a punto las instalaciones.
CL Grupo Industrial estimó que el coste total de la operación podía aproximarse a los 57 millones de euros al incluir las necesidades operativas y las inversiones previstas. El objetivo era proporcionar a la fábrica recursos para seguir produciendo, atender a los clientes y recuperar estabilidad.
La operación también incluía un compromiso de continuidad industrial de al menos tres años. Para el nuevo propietario, Papresa representa una oportunidad de reforzar su posición en el negocio del papel y el embalaje mediante una planta con experiencia, maquinaria especializada y una ubicación estratégica en el norte de España.
Una fábrica en marcha y 167 empleos que continúan
El 27 de julio de 2026, CL Grupo Industrial puso en marcha de forma efectiva la unidad productiva adquirida. Las dos principales líneas de fabricación, destinadas al papel prensa y al cartón para embalaje, retomaron la actividad bajo la nueva gestión.
El acuerdo laboral final permitió mantener 167 empleos, por encima de los 148 puestos inicialmente contemplados en la oferta. La cifra supone la continuidad de buena parte de la plantilla, aunque no de todos los puestos existentes antes del concurso.
El acuerdo alcanzado con la representación de los trabajadores incluyó condiciones laborales específicas para facilitar la continuidad del proyecto. Entre ellas figuraban medidas temporales sobre salarios y jornada de trabajo.
La dimensión laboral resulta especialmente relevante en una industria como la papelera, que depende de equipos técnicos especializados y de procesos productivos complejos. Mantener las instalaciones operativas exige conservar conocimientos acumulados durante años, además de asegurar el suministro de materias primas y la relación con los clientes.
La continuidad de la fábrica también tiene un impacto territorial. Papresa es una instalación industrial de gran tamaño para Errenteria y su entorno, donde su actividad genera relaciones con proveedores, empresas auxiliares y servicios logísticos. La adquisición evita, por ahora, que la crisis de la antigua sociedad se traduzca en la desaparición inmediata de la producción.
El reto económico: transformar la continuidad en rentabilidad
La adquisición resuelve una parte fundamental del problema: permite que los activos industriales continúen operativos bajo un nuevo propietario. Pero el siguiente desafío es económico.

CL Grupo Industrial deberá conseguir que la fábrica genere ingresos suficientes para cubrir sus costes, financiar las compras de materias primas y sostener las inversiones necesarias para mantener la competitividad de sus líneas de producción. También tendrá que gestionar la coexistencia de dos mercados distintos: el papel prensa, afectado por la transformación digital, y el papel para embalaje, expuesto a la competencia, los costes energéticos y las fluctuaciones de la demanda.
La diversificación hacia el packaging ofrece una vía de crecimiento, pero no elimina los riesgos. La evolución del comercio electrónico puede favorecer el consumo de cajas y embalajes, aunque la demanda también depende de la actividad industrial, el comercio, los precios del papel recuperado y la capacidad de los fabricantes para competir en costes.
Por eso, el éxito de la nueva etapa no debería medirse únicamente por la continuidad de la fábrica o por el importe anunciado de la adquisición. Será necesario observar la evolución de la producción, las ventas, los márgenes, la inversión efectiva y el empleo a medio plazo.
La elevada deuda reconocida en el concurso constituye, además, un recordatorio de la complejidad financiera del proceso. La compra de la unidad productiva no significa que el nuevo propietario asuma automáticamente todas las obligaciones de la antigua sociedad. La delimitación de los activos y pasivos transmitidos forma parte esencial de la operación concursal.
Un caso de reconversión industrial en España
Papresa representa uno de los retos centrales de la industria europea: adaptar instalaciones tradicionales a mercados que cambian sin perder capacidad productiva, empleo y conocimiento técnico.
La fábrica ya había apostado por una transformación tecnológica para compensar el retroceso del papel prensa. Ahora, la entrada de CL Grupo Industrial abre una nueva fase en la que la continuidad industrial dependerá de combinar financiación, eficiencia operativa y demanda comercial.
El caso también muestra la diferencia entre salvar una instalación y recuperar una empresa económicamente sólida. La adquisición permite mantener la actividad y una parte importante del empleo, pero la sostenibilidad del proyecto deberá demostrarse con resultados.
Después de más de un siglo de historia, Papresa inicia así una nueva etapa. La pregunta ya no es únicamente quién se hace cargo de la fábrica, sino si su nueva estructura empresarial será capaz de aprovechar las inversiones realizadas, consolidar el negocio del embalaje y devolver estabilidad a una industria que ha estado cerca de desaparecer.

