El nuevo recorte ha provocado el rechazo de CCOO, sindicato mayoritario en la fábrica, que ha anunciado asambleas para el jueves 22 de octubre con el objetivo de consultar a los trabajadores sobre la posibilidad de convocar una huelga. La organización sindical pretende frenar el ajuste o reducir su alcance y reclama que cualquier salida se produzca en condiciones que no sean peores que las acordadas en el expediente anterior.
La dirección justifica la medida por la evolución del mercado automovilístico europeo, la menor demanda de electrificación respecto a las previsiones y la falta de nuevos contratos de relevancia para mantener la actividad de la planta. El expediente se encuentra todavía en fase de negociación, por lo que los 170 puestos anunciados no constituyen despidos definitivamente acordados.
La situación abre un nuevo capítulo en la transformación de la fábrica conquense, que ha reducido su dimensión laboral en el último año y afronta ahora el reto de garantizar suficiente carga de trabajo para sostener su actividad industrial. El desenlace dependerá tanto de las negociaciones laborales como de la capacidad de la compañía para conseguir nuevos programas de producción en un sector sometido a una profunda transformación tecnológica.
Un segundo ajuste después de los 466 despidos de 2025
El nuevo expediente supone una nueva reducción de plantilla en Motilla del Palancar después del proceso iniciado en 2025. En aquel momento, Mahle planteó inicialmente la salida de 550 trabajadores, aunque las negociaciones con la representación sindical rebajaron finalmente la cifra a 466 afectados.
La ejecución de aquel ajuste, desarrollada entre finales de 2025 y marzo de 2026, redujo sustancialmente el número de trabajadores de la instalación. Ahora, con una plantilla que ronda los 500 empleados, la compañía plantea prescindir de otros 170 puestos, una cifra equivalente a aproximadamente el 34% de ese volumen de trabajadores.
Si el nuevo ERE se ejecutara íntegramente en los términos anunciados, ambos procesos sumarían 636 salidas en poco más de un año. Se trata de un escenario condicionado al resultado de las negociaciones actuales, no de una cifra de despidos ya consumada.
La sucesión de ambos expedientes ha incrementado la preocupación de los trabajadores sobre la continuidad de la actividad productiva y las perspectivas de empleo en la fábrica. La cuestión ya no se limita al impacto inmediato de las salidas, sino que afecta también a las posibilidades de recuperar carga de trabajo y atraer nuevos proyectos industriales que permitan aprovechar las instalaciones existentes.
Para CCOO, la nueva propuesta demuestra que las medidas adoptadas en el expediente anterior no han resuelto los problemas de fondo de la planta. El sindicato reclama alternativas a la reducción de empleo y cuestiona que, después de los despidos de 2025, no se hayan concretado proyectos suficientes para garantizar una perspectiva industrial estable.
CCOO consulta a la plantilla sobre una posible huelga
La negociación del nuevo ERE estará acompañada de una consulta a los trabajadores sobre las posibles medidas de presión. CCOO ha convocado asambleas para el jueves 22 de octubre, en los turnos de mañana y tarde, con el objetivo de conocer la posición de la plantilla ante la propuesta de la dirección y valorar la convocatoria de una huelga.
La decisión de los trabajadores está pendiente, por lo que no puede darse por hecho que el paro vaya a producirse. El anuncio sindical, sin embargo, anticipa una negociación complicada y refleja el rechazo de la representación de los empleados a una nueva reducción de plantilla en un periodo tan corto.
CCOO también ha fijado una línea roja respecto a las condiciones económicas de las posibles salidas. El sindicato reclama que cualquier acuerdo mantenga, como mínimo, las condiciones del expediente de 2025, que contemplaba indemnizaciones de 31 días y un plan de rentas.
La organización considera que la empresa debe explorar alternativas antes de recurrir de nuevo a la destrucción de empleo. Su oposición se extiende a la estrategia seguida por la dirección y a la falta de resultados que, a juicio del sindicato, ha tenido el proceso de búsqueda de nuevas actividades para la planta.
El periodo formal de consultas está previsto que comience el 26 de octubre y se prolongue hasta el 29 de noviembre. Durante esas semanas, la empresa y los representantes de los trabajadores deberán negociar el alcance del ajuste y las posibles medidas para evitar o reducir sus consecuencias laborales.
Por tanto, el resultado del expediente continúa abierto. La propuesta de 170 salidas marca el punto de partida de la negociación, pero su alcance definitivo dependerá de las conversaciones entre las partes y de las alternativas que puedan plantearse.
La demanda de electrificación no cumple las previsiones de Mahle
La compañía sitúa el origen del ajuste en las dificultades del mercado automovilístico y, en particular, en la evolución de la demanda de vehículos eléctricos. Según la explicación trasladada por la dirección, el crecimiento de la electrificación está siendo inferior al previsto, mientras que los fabricantes de automóviles están revisando sus planes de inversión y producción.
Este escenario se traduce en aplazamientos de programas de vehículos, retrasos en decisiones industriales y cancelaciones de proyectos que afectan a los proveedores de componentes. Para empresas como Mahle, la adjudicación de nuevos contratos resulta determinante para mantener ocupadas sus instalaciones y planificar las necesidades de producción y personal.

La multinacional sostiene que la insuficiencia de nuevos encargos hace necesario adaptar su estructura para preservar la viabilidad del negocio en España a largo plazo. La dirección también ha señalado que mantendrá sus compromisos con los clientes y que las actividades de desarrollo de productos y fabricación continuarán con normalidad durante el proceso.
El ajuste refleja las dificultades de una industria auxiliar que debe acompasar sus capacidades productivas a las decisiones de los fabricantes de vehículos. La transición tecnológica no se desarrolla de forma homogénea entre empresas y mercados, y las previsiones de demanda pueden cambiar a medida que los fabricantes revisan sus calendarios de electrificación.
Cuando los nuevos programas no llegan en el volumen esperado, las plantas proveedoras quedan expuestas a una reducción de pedidos que puede obligar a reorganizar su actividad. El problema es especialmente complejo cuando una fábrica ya ha reducido su plantilla y necesita nuevos contratos para estabilizar su funcionamiento.
En Motilla del Palancar, Mahle vincula el nuevo expediente a esa falta de carga de trabajo. Los sindicatos, por su parte, consideran que la compañía debería haber desarrollado alternativas para captar proyectos y preservar el empleo antes de plantear otro recorte.
La reindustrialización de la planta sigue pendiente
Tras el expediente de 2025 se impulsó un proceso de trabajo con participación del Ministerio de Industria y del Gobierno de Castilla-La Mancha para buscar alternativas que permitieran mantener actividad industrial en la zona. La iniciativa pretendía identificar nuevos proyectos capaces de aprovechar las instalaciones disponibles y generar oportunidades productivas y de empleo.
Sin embargo, el proceso no ha despejado las dudas sobre el futuro de la fábrica. CCOO sostiene que las iniciativas desarrolladas hasta ahora no han dado los resultados esperados y reclama avances concretos para atraer actividad que compense la pérdida de puestos de trabajo.
El sindicato también ha cuestionado la posición de Mahle ante el posible uso de instalaciones infrautilizadas en Campillo de Altobuey, localidad próxima a Motilla del Palancar. Según CCOO, hubo empresas interesadas en explorar alternativas industriales, pero la compañía habría dificultado el avance de algunas propuestas al alegar necesidades productivas.
Estas afirmaciones corresponden a la posición de la representación sindical y no constituyen una confirmación independiente de que la empresa haya bloqueado proyectos. Mahle, por su parte, fundamenta el ajuste en la situación del mercado automovilístico y en la falta de contratos suficientes para mantener la actividad.
La discusión pone de manifiesto que la reindustrialización no depende únicamente de disponer de instalaciones o de identificar posibles inversores. También requiere proyectos viables, acuerdos entre las partes y una actividad productiva capaz de sostenerse en el tiempo.
Para la comarca, la llegada de nuevas empresas o la adjudicación de programas industriales a la fábrica supondría una vía para reducir la dependencia de los ajustes de plantilla. Sin embargo, mientras no se concreten iniciativas de suficiente dimensión, el futuro del empleo seguirá condicionado por la evolución de los pedidos de Mahle.
El impacto sobre el tejido industrial de Cuenca
La dimensión de la planta convierte la evolución de Mahle en una cuestión relevante para el tejido industrial de la provincia. La pérdida de empleo directo puede repercutir también en proveedores, servicios y otras actividades económicas vinculadas al funcionamiento de la fábrica.
Si se materializara el nuevo ajuste en los términos planteados, la instalación afrontaría una reducción adicional de su capacidad laboral después de los 466 despidos anteriores. El impacto acumulado de ambos expedientes supondría una transformación significativa del centro y reforzaría la necesidad de encontrar nuevas fuentes de actividad productiva.
El caso ilustra la exposición de las empresas auxiliares a las decisiones de los fabricantes de automóviles y a los cambios en la demanda de tecnologías de propulsión. La adaptación a la movilidad eléctrica requiere inversiones, nuevos productos y una planificación industrial que permita acompasar las capacidades de producción a las necesidades de los clientes.
Pero la transformación tecnológica no garantiza por sí sola que las fábricas existentes reciban nuevos encargos. La continuidad de cada instalación depende también de su posición dentro de la cadena de suministro, de los contratos adjudicados y de la capacidad para competir por los programas de producción.
En este contexto, el futuro de Motilla del Palancar dependerá tanto de la evolución del mercado como de las decisiones empresariales que se adopten en los próximos meses. La negociación del ERE determinará el alcance del ajuste laboral, mientras que la captación de nuevos proyectos será decisiva para las perspectivas industriales a medio plazo.
Un futuro condicionado por los pedidos y la negociación
El nuevo expediente sitúa a Mahle ante una doble exigencia: adaptar su estructura a la evolución del mercado automovilístico y gestionar el conflicto laboral generado por la propuesta de eliminar 170 puestos de trabajo. La empresa considera necesario ajustar sus operaciones ante la falta de nuevos contratos, mientras que CCOO reclama alternativas y prepara una consulta a la plantilla sobre la posible convocatoria de una huelga.
Las próximas semanas serán determinantes para conocer si las partes alcanzan un acuerdo, si es posible reducir el número de salidas y qué condiciones acompañarían a un eventual ajuste. Al mismo tiempo, seguirá pendiente la búsqueda de proyectos capaces de recuperar actividad industrial en la comarca.
El desenlace no se medirá únicamente por el número final de despidos. También será relevante comprobar si la fábrica consigue nuevos programas de producción que permitan aprovechar sus capacidades y ofrecer una perspectiva de continuidad a la actividad.
La evolución de Mahle en Motilla del Palancar se convierte así en un ejemplo de los desafíos que afronta la industria auxiliar del automóvil: adaptarse a una transición tecnológica marcada por cambios en la demanda sin perder capacidad productiva ni empleo industrial. La negociación del ERE marcará el próximo capítulo, pero la estabilidad futura de la planta dependerá, sobre todo, de que la adaptación empresarial vaya acompañada de una carga de trabajo suficiente.

