El último Informe Anual del Ministerio de Industria y Turismo ofrece una radiografía detallada de una industria que ha demostrado una notable capacidad de resistencia tras los shocks sufridos desde 2020 —pandemia, crisis logística, inflación y crisis energética—, pero que ahora debe afrontar una nueva fase de incertidumbre global asociada al conflicto en Oriente Medio y al endurecimiento de las tensiones comerciales. Aun así, los principales indicadores industriales muestran una evolución más favorable que la registrada en los dos ejercicios anteriores, apoyada en la recuperación de la demanda interna, la inversión empresarial y el impulso de las actividades vinculadas a la digitalización y la inteligencia artificial.
El dato más relevante del informe es que la actividad industrial española ha dejado atrás la etapa de recuperación y entra en una fase de consolidación. El Valor Añadido Bruto Industrial (VABI) creció un 2,3% en volumen durante 2025, en línea con el avance del PIB nacional, y se sitúa ya medio punto por encima del nivel registrado en 2019.
La mejora es especialmente significativa en la industria manufacturera, cuyo valor añadido se encuentra un 9,8% por encima del nivel prepandemia. El informe interpreta esta evolución como una señal de fortalecimiento estructural de una parte importante del tejido industrial español, que ha logrado adaptarse a un entorno de costes más elevados y de mayor competencia internacional.

Esta recuperación no se ha producido de manera uniforme. Mientras algunas ramas industriales han acelerado su crecimiento gracias a la demanda tecnológica y a las inversiones en transformación digital, otras continúan acusando la debilidad de determinados mercados europeos y los cambios estructurales que atraviesan sectores tradicionales.
El empleo industrial gana peso en la economía española
Otro de los elementos destacados del informe es la evolución del empleo industrial. La ocupación en la industria aumentó un 4,1% durante 2025, convirtiéndose en uno de los sectores con mayor crecimiento del empleo, solo por detrás de la construcción.
El avance resulta especialmente relevante porque se produce en un contexto de moderación del crecimiento económico y porque contribuye a reforzar el peso de la industria en el mercado laboral español. Además, el informe subraya que la mejora del empleo industrial se ha acompañado de un aumento de la contratación indefinida y de una reducción de la temporalidad, en línea con la evolución observada en el conjunto de la economía.
La combinación de crecimiento de la actividad y aumento del empleo sugiere que las empresas industriales han mantenido sus planes de inversión y producción pese al entorno internacional menos favorable.
El Índice de Producción Industrial (IPI) registró un incremento medio del 1,3% en 2025, mejorando claramente el avance del 0,4% contabilizado en 2024. Los primeros datos de 2026 muestran un crecimiento más moderado, del 0,8% entre enero y abril, pero mantienen la tendencia positiva.
El comportamiento por destino económico de los bienes refleja una recuperación relativamente generalizada. La producción de energía aumentó un 3,9% tras los descensos de ejercicios anteriores, los bienes de consumo no duradero impulsaron el crecimiento del IPI y los bienes intermedios avanzaron un 0,8%. Los bienes de equipo, tradicionalmente asociados a la inversión empresarial, registraron un ligero incremento del 0,1%, lo que supone una mejora respecto al retroceso del año anterior.

Sin embargo, el análisis por ramas de actividad muestra un mapa industrial muy heterogéneo. Trece ramas registraron aumentos de producción, mientras que ocho presentaron descensos.
El caso del automóvil merece una atención especial. La caída del 4,5% en la producción de vehículos refleja tanto la debilidad de algunos mercados europeos como el complejo proceso de transición hacia la movilidad eléctrica, que está obligando a fabricantes y proveedores a reconfigurar inversiones, cadenas de suministro y capacidades productivas.
Digitalización e inteligencia artificial: los nuevos motores industriales
Uno de los mensajes más claros del informe es el creciente protagonismo de las actividades relacionadas con la digitalización y la inteligencia artificial.
Tanto en el contexto internacional como en la evolución de la industria española, las inversiones vinculadas a estas tecnologías aparecen como uno de los principales factores de dinamismo. El crecimiento de la electrónica, las tecnologías de la información y las telecomunicaciones está estrechamente relacionado con la expansión de los centros de datos, la automatización industrial y la demanda de equipamiento tecnológico avanzado.
El informe también destaca que el comercio mundial de mercancías creció un 4,6% en 2025 impulsado, en buena medida, por los bienes asociados a la transformación digital y a la inteligencia artificial, lo que abre oportunidades para aquellas empresas industriales capaces de integrarse en estas cadenas de valor.
La energía vuelve a convertirse en el principal riesgo
Si la digitalización representa la principal oportunidad, la energía vuelve a ser el mayor foco de preocupación para la industria.
Tras varios años de moderación, el precio del petróleo repuntó con fuerza a partir de marzo de 2026 y volvió a situarse ampliamente por encima de los 100 dólares por barril debido al conflicto en Oriente Medio. El gas natural también registró un fuerte incremento, con cotizaciones superiores a 45 €/MWh frente a niveles inferiores a 35 € al inicio del año.
Para la industria española, especialmente para los sectores electrointensivos y gasintensivos, este encarecimiento supone un aumento directo de los costes de producción. El informe advierte de que productos químicos, fertilizantes, metalurgia, transporte y otras actividades intensivas en energía son especialmente vulnerables a esta nueva fase de volatilidad energética.

Además, el incremento de los precios energéticos amenaza con reactivar las presiones inflacionistas y con retrasar la relajación de las condiciones financieras, lo que podría afectar a las decisiones de inversión industrial durante los próximos trimestres.
El informe dedica también una atención creciente a las materias primas críticas y, en particular, a las tierras raras.
Tras varios años de descensos, los precios de las materias primas industriales comenzaron a recuperarse en 2025 y aceleraron notablemente su crecimiento en los primeros meses de 2026. El índice de productos industriales registraba ya aumentos superiores al 30% interanual en abril de 2026.
Pero más allá de la evolución coyuntural de los precios, el Ministerio subraya el carácter estratégico de materiales como las tierras raras, esenciales para la fabricación de baterías, motores eléctricos, equipos electrónicos, energías renovables y numerosas tecnologías avanzadas. La elevada concentración geográfica de su extracción y procesamiento introduce importantes vulnerabilidades en las cadenas de suministro industriales.
En un contexto de creciente fragmentación geoeconómica, posibles restricciones a la exportación o disrupciones en el suministro podrían tener efectos significativos sobre la producción industrial europea y española.
La evolución del comercio internacional volvió a convertirse en uno de los factores determinantes para la industria española durante 2025. Aunque el escenario global estuvo condicionado por la desaceleración económica, el aumento de las tensiones comerciales y la incertidumbre geopolítica, los intercambios mundiales de mercancías lograron mantener una evolución positiva, impulsados principalmente por la fortaleza de las economías asiáticas y el crecimiento de las actividades vinculadas a la digitalización y la inteligencia artificial.
Según recoge el informe, el comercio mundial de mercancías aumentó un 4,6% en volumen, una cifra superior a la prevista por numerosos organismos internacionales a comienzos del ejercicio. Asia volvió a consolidarse como el principal motor de esa expansión, con un crecimiento de las exportaciones del 9,5%, favorecido por el sólido comportamiento de China, Singapur, Taiwán y Tailandia, así como por el incremento de la demanda mundial de semiconductores, equipos electrónicos y bienes tecnológicos relacionados con el desarrollo de la inteligencia artificial.
Para la industria española, profundamente integrada en las cadenas de valor europeas e internacionales, esta evolución representa una oportunidad, especialmente para aquellos sectores con una mayor orientación exportadora. Sin embargo, el Ministerio advierte de que ese dinamismo podría moderarse durante 2026. La Organización Mundial del Comercio prevé que el crecimiento del comercio de mercancías se reduzca hasta el 1,9%, en un escenario condicionado por la fragmentación geoeconómica, el aumento del proteccionismo y las disrupciones logísticas derivadas del conflicto en Oriente Medio.
En este contexto, el informe insiste en que la diversificación de mercados y el fortalecimiento de las cadenas de suministro serán elementos clave para mantener la competitividad del tejido industrial español.
Materias primas: la volatilidad vuelve a instalarse en los mercados
Otro de los grandes desafíos para la industria durante los próximos meses será la evolución de las materias primas. Tras dos años de corrección de precios, 2025 marcó el inicio de una nueva fase alcista que se ha intensificado durante 2026 como consecuencia de la inestabilidad geopolítica.
El índice general de materias primas no energéticas aumentó un 4,1% durante 2025, mientras que los productos industriales crecieron un 3,2%. Sin embargo, los datos disponibles de 2026 muestran un cambio de tendencia mucho más acusado. En abril, el índice general registraba un incremento interanual del 13,6%, mientras que las materias primas industriales alcanzaban un crecimiento superior al 32%, reflejando el impacto del encarecimiento de los costes de producción y las tensiones sobre la oferta mundial.
Para numerosos sectores industriales —desde la metalurgia hasta la fabricación de maquinaria, componentes electrónicos o bienes de equipo— esta evolución supone un importante factor de presión sobre los márgenes empresariales. El informe advierte de que, aunque parte de este incremento podría ser transitorio, la prolongación del conflicto en Oriente Medio o nuevas restricciones comerciales podrían mantener elevados los precios durante un periodo prolongado.
Más allá de la evolución coyuntural de las materias primas tradicionales, el informe dedica una atención especial a un recurso cuyo peso en la industria mundial continúa creciendo: las tierras raras.
Estos materiales, imprescindibles para fabricar vehículos eléctricos, aerogeneradores, baterías, semiconductores, equipos electrónicos y numerosos productos tecnológicos, concentran cada vez más la atención de gobiernos y empresas debido a la elevada dependencia existente respecto a un reducido número de países productores y procesadores.
El Ministerio, apoyándose en los análisis del Fondo Monetario Internacional, advierte de que las restricciones comerciales, los cambios regulatorios o cualquier interrupción en el suministro de estos minerales podrían tener consecuencias significativas para la producción industrial mundial. En un contexto de creciente competencia tecnológica entre las grandes potencias, garantizar el acceso a estas materias primas se ha convertido en una cuestión estratégica para la industria europea.
La financiación mejora, aunque vuelve la prudencia monetaria
Las condiciones financieras también evolucionaron de forma favorable durante buena parte de 2025. Tras el intenso ciclo de subidas de tipos de interés iniciado en 2022 para contener la inflación, los principales bancos centrales comenzaron a relajar gradualmente su política monetaria.
El Banco Central Europeo redujo progresivamente los tipos hasta situar la facilidad de depósito en el entorno del 2,25%, facilitando unas condiciones de financiación más favorables para empresas y familias. Este proceso contribuyó a mejorar el acceso al crédito y a aliviar parcialmente los costes financieros soportados por el tejido empresarial.
No obstante, el escenario volvió a cambiar durante los primeros meses de 2026. El repunte de la inflación asociado al encarecimiento de la energía llevó al BCE a adoptar una posición mucho más prudente e incluso a reanudar las subidas de tipos en junio, con un incremento de 25 puntos básicos. La decisión refleja la dificultad de compatibilizar el control de los precios con el mantenimiento del crecimiento económico.
Para la industria, especialmente para las empresas inmersas en procesos de inversión o modernización tecnológica, la evolución futura de los tipos de interés será un elemento determinante durante los próximos ejercicios.
A pesar de la incertidumbre, el informe transmite un mensaje claro sobre el futuro de la industria española: la competitividad dependerá cada vez menos de los costes laborales y mucho más de la capacidad para innovar.

La automatización de procesos, la digitalización de las plantas productivas, la incorporación de inteligencia artificial, la robotización y el desarrollo de tecnologías vinculadas a la transición energética aparecen como los principales vectores de transformación industrial.
El propio comportamiento del comercio mundial durante 2025 demuestra esta tendencia. Buena parte del crecimiento internacional estuvo impulsado precisamente por la fuerte demanda de bienes tecnológicos, equipos electrónicos y productos asociados a la economía digital. Para España, aprovechar ese cambio estructural representa una oportunidad para reforzar el peso de la industria de mayor valor añadido y reducir la dependencia de actividades más intensivas en costes.
Un sector más resiliente, pero ante un escenario de elevada complejidad
El balance que realiza el Ministerio es, en conjunto, positivo. La industria española ha conseguido dejar atrás los efectos más severos de la pandemia y de la crisis energética, consolidando un crecimiento sostenido de la actividad, recuperando empleo y mejorando algunos de sus principales indicadores de competitividad.
Sin embargo, el informe también lanza un mensaje de cautela. La evolución del sector durante 2026 dependerá en gran medida de factores externos que escapan al control de las empresas: la estabilidad de los mercados energéticos, la evolución del conflicto en Oriente Medio, la política comercial de las grandes economías y la capacidad de contener un nuevo episodio inflacionista sin provocar una desaceleración excesiva de la actividad.
En ese contexto, la industria española afronta una etapa decisiva. La transformación digital, la transición energética, la diversificación de proveedores y mercados y el refuerzo de la autonomía estratégica europea marcarán buena parte de las decisiones empresariales durante los próximos años.
Lejos de limitarse a describir la evolución de los principales indicadores económicos, el Informe Anual 2025 del Ministerio de Industria y Turismo deja una conclusión de fondo: la industria española ha demostrado una notable capacidad de adaptación frente a un entorno extraordinariamente complejo. Mantener esa fortaleza exigirá ahora acelerar la inversión, ganar productividad y avanzar hacia un modelo industrial más innovador, sostenible y tecnológicamente avanzado, capaz de competir en un escenario global donde la incertidumbre parece haberse convertido en un elemento permanente.

