En un contexto de fuerte integración internacional, la industria española no necesita una exposición directa a la región para verse afectada. Su dependencia de mercados globales hace que cualquier alteración en rutas comerciales o en precios energéticos se traslade rápidamente a los costes y a la operativa empresarial.
Este escenario está obligando a las empresas a adaptarse en tiempo real, con menor visibilidad sobre la demanda y mayores dificultades para planificar producción, inversiones y exportaciones. Las asociaciones coinciden en que la incertidumbre se ha convertido en un factor estructural.
Alimentación y bebidas: impacto en costes, exportaciones y operativa
Desde la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas, FIAB, el conflicto se analiza como un factor de riesgo inmediato para toda la cadena de valor. La federación advierte de que la situación está generando “dificultades operativas derivadas de la suspensión de tránsitos” y un “aumento de la incertidumbre logística y comercial”.

El impacto no se limita a la logística. FIAB subraya también la presión sobre los costes energéticos, un elemento clave en un sector con elevados consumos industriales y una fuerte dependencia de la refrigeración, el transporte y los procesos productivos.
Además, la volatilidad afecta a la planificación internacional. En un sector donde las exportaciones tienen un peso determinante, la incertidumbre comercial complica la toma de decisiones y puede afectar a la competitividad frente a otros mercados.
Automoción: un sector estratégico bajo presión creciente
El sector de automoción, representado por Sernauto, es uno de los más expuestos a este contexto. La asociación ha trasladado la necesidad de adoptar “medidas urgentes y proporcionadas” ante el impacto de un conflicto que “se prolonga más de lo esperado”.
En un entorno “marcado por la incertidumbre”, Sernauto señala que las tensiones geopolíticas están generando efectos directos sobre “los mercados energéticos, la logística global y el entorno económico”, afectando especialmente a un sector “altamente integrado en cadenas internacionales, intensivo en energía y con modelos productivos que requieren una elevada estabilidad”.

La asociación detalla que esta situación está incrementando los costes operativos por el encarecimiento de materiales —especialmente “los plásticos derivados del petróleo (polipropileno, poliamidas…)”—, así como por la presión sobre los costes energéticos y logísticos. A esto se suma “una mayor incertidumbre sobre la evolución de la demanda” y “tensiones en la cadena de suministro que impactan en los plazos y en la planificación industrial”.
En palabras de José Portilla, director general de Sernauto, “la industria de proveedores de automoción está demostrando su capacidad de adaptación, pero el contexto actual introduce elementos de incertidumbre adicionales que requieren acompañamiento a las empresas”. El directivo añade que “estamos ante una situación crítica que se está alargando en el tiempo” y que requiere “medidas concretas y con suficiente impacto… para preservar la competitividad y el empleo”.
Más allá del corto plazo, Sernauto insiste en que la automoción es un pilar estructural de la economía española —cerca del 10% del PIB—, por lo que el impacto del conflicto puede tener efectos sistémicos si no se adoptan medidas de apoyo.
Siderurgia: aumento de costes y riesgo para la competitividad
La industria del acero, agrupada en Unesid, es uno de los sectores donde el impacto se está materializando con mayor intensidad.
Desde la asociación señalan que el conflicto está provocando “un aumento muy significativo de los costes en muy poco tiempo”, lo que genera “una presión enorme sobre la competitividad” de las empresas siderúrgicas.

El incremento del precio del gas y de la electricidad, junto con el encarecimiento de materias primas y del transporte, está elevando de forma directa los costes de producción en un sector altamente electrointensivo.
A ello se suman problemas logísticos derivados de la alteración de rutas comerciales, que están generando retrasos, mayores tiempos de tránsito y un aumento de los costes asociados al transporte y a los seguros. Todo ello impacta también en sectores clientes como la automoción o la construcción, amplificando el efecto en la economía industrial.
Industria química: volatilidad en materias primas y energía
En el caso de la industria química, representada por Feique, el impacto se concentra en su elevada dependencia de la energía y de materias primas derivadas del petróleo.

El aumento de los precios energéticos se traslada directamente a los costes de producción, mientras que la volatilidad en los mercados internacionales dificulta la planificación y reduce la visibilidad a medio plazo.
Se trata de un sector clave por su carácter transversal, ya que suministra inputs esenciales a múltiples industrias. Por ello, cualquier tensión en costes o en suministro tiene un efecto en cadena sobre el conjunto del tejido industrial.
Construcción e infraestructuras: presión sobre materiales y contratos
Las asociaciones del ámbito de la construcción, como Seopan, han alertado del impacto del conflicto en los costes de materiales.
El encarecimiento de insumos básicos está generando un “shock de costes” que afecta directamente a la ejecución de obra pública y a la viabilidad de proyectos.
Este aumento de costes está provocando tensiones en contratos ya adjudicados, donde los precios se fijaron en un contexto diferente. Las empresas advierten de dificultades para mantener la rentabilidad y reclaman mecanismos que permitan adaptar los contratos a la nueva realidad.
Además, la incertidumbre sobre la evolución de los precios introduce un elemento adicional de riesgo en la planificación de nuevas inversiones en infraestructuras.
Industria metalúrgica y bienes de equipo: impacto directo en actividad
El efecto del conflicto también se refleja en empresas industriales con presencia internacional. El caso de Tubacex es ilustrativo: la compañía ha sufrido una caída del 84% en su beneficio debido a la “tensión geopolítica” y a problemas logísticos y productivos en Oriente Medio.

Este tipo de compañías, muy vinculadas a proyectos energéticos globales, son especialmente vulnerables a la inestabilidad en la región, lo que afecta tanto a su actividad como a la inversión de sus clientes.
Energía: el factor transversal que condiciona toda la industria
El papel del sector energético, representado por Aelec, es central en este contexto. El incremento del precio del gas y su impacto en la electricidad están afectando de forma directa a toda la industria.
Este encarecimiento energético actúa como un multiplicador del impacto, especialmente en sectores electrointensivos. Además, la volatilidad dificulta la planificación empresarial y condiciona las decisiones de inversión.
Las asociaciones energéticas advierten de la necesidad de medidas que permitan amortiguar estos efectos y garantizar la competitividad del tejido industrial en un entorno global cada vez más incierto.
En conjunto, las asociaciones sectoriales coinciden en un diagnóstico común: la guerra en Oriente Medio está trasladando tensiones globales al tejido industrial español a través de los costes, la logística y el acceso a materias primas. Más allá del impacto inmediato, el conflicto refuerza la necesidad de avanzar hacia una mayor resiliencia industrial, con cadenas de suministro más diversificadas y una menor dependencia energética exterior.

