ENTREVISTA ENVERA

Víctor Jiménez Aransay, director en centros de alto rendimiento deportivo en España y EE.UU: “Invertir en salud física por parte de las empresas reduce las bajas laborales y, además, mejora el rendimiento cognitivo”

La salud laboral y el absentismo se han convertido en un desafío crítico para las empresas españolas. El sedentarismo, las dolencias musculoesqueléticas y el deterioro de la salud mental están detrás de gran parte de las bajas. En un entorno cada vez más exigente, la prevención y los hábitos saludables se posicionan como herramientas clave. La cuestión es cómo pueden las organizaciones actuar para proteger la salud de sus equipos y mejorar su productividad.

¿Cómo ha evolucionado tu trayectoria profesional hasta llegar a liderar centros de salud en Miami y qué te ha enseñado sobre salud laboral?

Mi trayectoria comenzó en la clínica CEMTRO de Madrid hace 15 años, donde entendí que la mayoría de las bajas se pueden prevenir con una intervención adecuada. Posteriormente decidí dar el salto a Miami para trasladar ese enfoque al entorno empresarial, liderando centros orientados no solo a la recuperación, sino al rendimiento y la prevención. Allí he comprobado que los problemas de salud laboral responden a una lógica muy similar al deporte: una mala gestión de cargas, el sedentarismo, el estrés o la falta de descanso acaban pasando factura. Por eso, la clave no está en reaccionar cuando aparece el problema, sino en implementar estrategias de salud basadas en evidencias que lo prevengan desde el inicio.

¿Cuál es el estado físico general de los trabajadores en España según tu experiencia y qué dolencias predominan hoy en las empresas?

En mi entorno, al ser fisioterapeuta y trabajar con personas que se dedican al rendimiento, el nivel de condición física suele ser bueno: pasamos muchas horas de pie, nos movemos más y existe mayor conciencia sobre la salud. En cambio, cuando observo otros sectores, la realidad es que hay una gran diferencia. Predominan el sedentarismo y los malos hábitos, especialmente en la alimentación y el descanso. Esto se traduce en una alta incidencia de trastornos musculoesqueléticos, sobre todo dolor lumbar, muy asociado a la inactividad y al sobrepeso.

¿Qué hábitos cotidianos están deteriorando más la salud de los empleados y cuáles serían los tres cambios más urgentes que deberían adoptar?

Los hábitos que más están deteriorando la salud a día de hoy son bastante claros: sedentarismo prolongado, mala calidad de sueño, mala alimentación y estrés. Estas condiciones generan un entorno idóneo para la fatiga, el dolor y la baja productividad.
Si tuviera que priorizar tres cambios de manera urgente, serían: Moverse más a diario (romper el sedentarismo con pausas activas; por ejemplo, cada 45 minutos poner un temporizador y moverse); dormir mejor (7–8 horas con horarios regulares, clave para recuperación y rendimiento) y evitar el consumo de redes sociales antes de dormir; entrenamiento de fuerza (3-4 días/semana) con el objetivo de prevención de dolor. No es cuestión de hacer más, sino de hacer lo más básico bien de manera consciente.

¿Hasta qué punto los problemas musculoesqueléticos y el sedentarismo están detrás del aumento del absentismo laboral?

En entornos de oficina, los trastornos musculoesqueléticos y el sedentarismo son los principales responsables del absentismo laboral, ya que hasta el 50 % de las bajas prolongadas son por esta causa. La falta de movimiento, acentuada por el teletrabajo, favorece el debilitamiento muscular y la cronificación de patologías frecuentes como la lumbalgia. Esto acaba generando un círculo vicioso de dolor, ausencias y una pérdida progresiva de productividad. En general, el sedentarismo actúa como un factor multiplicador que transforma molestias físicas leves en incapacidades reales, aumentando de manera significativa los costes operativos por la pérdida de jornadas de trabajo.

El absentismo se ha convertido en “el nuevo cáncer” de las organizaciones. ¿Qué señales tempranas indican que un trabajador está cerca de una baja prolongada y podrían prevenirse con intervención temprana?

El término “nuevo cáncer” puede sonar muy agresivo, pero la idea está clara: el problema aparece mucho antes de la baja. Las señales tempranas más habituales son: dormir peor, dolores de origen musculoesquelético (lumbar y cervical), más estrés, caída de motivación y de rendimiento, y fatiga persistente. Además, es frecuente ver pequeñas ausencias repetitivas. Todo esto suele aparecer semanas o meses antes de una baja laboral. En el caso de detección temprana de estas señales, con ajuste de cargas (más actividad), mejora de hábitos, apoyo psicológico, etc., en muchos casos se puede revertir antes de que el problema vaya a peor.

¿Cómo influye la mejora de la condición física en la salud mental y en la capacidad de gestionar estrés, ansiedad o burnout, otra de las grandes preocupaciones en la gestión de recursos humanos?

La relación es bastante directa. Está demostrado que el ejercicio físico no solo impacta en el cuerpo, sino también en el cerebro. El ejercicio, especialmente el de fuerza y el cardio, reduce el estrés, mejora la calidad de sueño y favorece la regulación hormonal. Esto se traduce en mayor claridad mental, mejor capacidad para afrontar el día laboral, menor ansiedad, etc. El ejercicio es la mejor “pastilla” que tenemos para prevenir y mejorar muchas condiciones físicas y mentales; eso sí, siempre bien prescrito.
Por todo esto, trabajar la condición física no es solo prevención de lesiones, sino una herramienta clave frente al burnout.

¿Qué tipo de actividad física genera un mayor impacto positivo en el rendimiento cognitivo y emocional de los trabajadores?

Según la ciencia, no es solo una actividad, sino la combinación de ellas.
El mayor impacto en el rendimiento cognitivo y emocional lo generan los ejercicios aeróbicos, como por ejemplo caminar rápido, bicicleta, etc. Esto hace que mejore la atención y disminuya el estrés. Si además añadimos entrenamiento de fuerza 3-4 días a la semana, el efecto se multiplica, sobre todo en la resiliencia al estrés y la prevención de burnout. Además, yo siempre recomiendo actividades con componente mente-cuerpo, como meditación, yoga, etc., ya que aportan un plus en regulación emocional. Y, sobre todo, hacer algo que te guste para generar adherencia y evitar el abandono temprano.

¿Qué evidencia existe de que invertir en salud física se traduce en mayor productividad y mejor desempeño laboral?

Existe una fuerte evidencia: invertir en salud física reduce las bajas laborales y, además, mejora el rendimiento cognitivo; por lo tanto, esto se traduce directamente en una mayor productividad. Existen países, como Japón, y compañías tecnológicas en EE. UU. que utilizan estrategias de recuperación y bienestar, por ejemplo las “power naps”, que son siestas cortas que muestran mejoras en rendimiento y menor fatiga laboral.

¿Qué medidas mínimas deberían implementar las empresas para mejorar la salud de su plantilla sin necesidad de grandes inversiones?

Para mí, las más efectivas son las que cambian los hábitos.
Aplicar bloques tipo “pomodoro” con pausas activas para romper el sedentarismo y moverse. Además, tener acuerdos con centros deportivos que incluyan entrenamiento de fuerza y ejercicios de conexión mente-cuerpo. El uso de pulseras de actividad, con objetivos como 8.000-10.000 pasos diarios, y, por último, higiene digital, reduciendo el uso de redes sociales. Con estos cambios ya se impacta en energía, salud y productividad de forma real.

¿Y qué errores cometen con más frecuencia las organizaciones cuando intentan implantar programas de bienestar o actividad física?

El error que se observa más a menudo es la implantación de programas generales y no individualizar en la persona. También se suele caer en iniciativas de forma puntual y no sostenidas en el tiempo, con lo que se pierde el beneficio. Otro fallo común es enfocarse en actividades aisladas (como en muchas empresas hacen torneos de pádel), en lugar de integrar hábitos en el día a día laboral.

Por último, desde tu experiencia en Estados Unidos, ¿qué diferencias observas entre la cultura de salud laboral de España y la de aquel país, y qué podríamos aprender mutuamente?
Desde mi experiencia en Miami, se percibe mucho más la cultura de la actividad física si lo comparo con España. La gente entrena de forma más habitual, cuida la alimentación mucho más y lo tiene integrado en su día a día. Sales a la calle y puedes ver a miles de personas, sea la hora que sea, haciendo ejercicio o con esterillas de yoga en las mochilas; esto es algo que me llamó mucho la atención. En España, sin embargo, existe más cultura social y de trabajo sedentario, aunque cada vez pienso que hay más conciencia en salud.
Sí que es cierto que en EE. UU. hay más desigualdad en acceso a la salud. Para mí, lo ideal sería que en España se adoptaran más hábitos de actividad diaria y, en EE. UU., que sea más accesible para todos.

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