REPORTAJE

El talento que transforma la industria: mujeres que diseñan el futuro de la ingeniería y las carreras STEM

Durante décadas, la industria, la ingeniería y buena parte de las disciplinas STEM; ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, han sido territorios marcados por una fuerte presencia masculina. Talleres, fábricas, laboratorios o departamentos de desarrollo tecnológico han estado tradicionalmente asociados a perfiles masculinos, tanto en la percepción social como en la realidad estadística.

Sin embargo, esa imagen lleva años cambiando. De forma progresiva, silenciosa pero constante, cada vez más mujeres estudian, investigan, diseñan, programan, fabrican, lideran equipos y dirigen empresas en sectores clave para la transformación económica y tecnológica.

Ese cambio no responde a una tendencia pasajera ni a un gesto simbólico. Está vinculado a transformaciones profundas del modelo productivo, al avance de la digitalización, a nuevas demandas sociales y, sobre todo, al reconocimiento de una realidad evidente: la innovación necesita diversidad. En un momento en el que la industria se enfrenta a retos de enorme complejidad, desde la transición energética hasta la automatización o la inteligencia artificial, incorporar todo el talento disponible se ha convertido en una cuestión estratégica.

La celebración del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, vuelve a poner el foco en esta evolución. En los últimos años se ha intensificado el debate sobre el papel de la mujer en la economía productiva, especialmente en los sectores tecnológicos e industriales, considerados motores del crecimiento futuro. La presencia femenina en estos ámbitos ha aumentado, pero todavía existen brechas significativas que afectan tanto a la elección de estudios como al desarrollo profesional y al acceso a posiciones de liderazgo.

La evolución, no obstante, es innegable. Cada vez más estudiantes optan por carreras técnicas, más empresas desarrollan políticas de igualdad y diversidad, y más organizaciones trabajan para visibilizar referentes femeninos en ingeniería y tecnología. A ello se suman iniciativas educativas, premios profesionales y programas de mentoría que buscan impulsar vocaciones científicas entre niñas y jóvenes.

Ese movimiento colectivo está configurando una nueva narrativa en torno al talento femenino en la industria: una historia que combina avances reales con desafíos pendientes.

De la invisibilidad al reconocimiento

Durante gran parte del siglo XX, la participación de las mujeres en sectores industriales fue escasamente visible. Incluso cuando trabajaban en fábricas, laboratorios o áreas técnicas, su contribución rara vez ocupaba el espacio público o institucional que merecía. La ingeniería, en particular, se consolidó como una profesión muy masculinizada.

La transformación comenzó lentamente a finales del siglo pasado, impulsada por el acceso creciente de las mujeres a la educación superior y por cambios sociales que ampliaron sus oportunidades profesionales. No obstante, el progreso ha sido desigual según sectores y especialidades.

En el ámbito industrial, el cambio se percibe con claridad en los últimos años. Las empresas han empezado a reconocer la importancia de atraer talento diverso, no solo por razones de igualdad, sino también por su impacto directo en la competitividad.

Según explica para industry TALKS Empar Martínez Bonafé, secretaria general de Femeval, la evolución del papel de la mujer en el sector del metal refleja bien este proceso.

Campaña #MujeresdeMetal de Femeval

“De ser invisibles a empezar a que se nos vea. Esa frase resume bien la evolución del papel de la mujer en el sector metal en los últimos años. Si miramos atrás, la presencia femenina era prácticamente residual y poco reconocida. Hoy la realidad es distinta. Las mujeres ya están presentes en todos los ámbitos de nuestras empresas: desde los oficios tradicionales y los puestos más innovadores hasta los de responsabilidad y liderazgo.

Hay líderes de empresas, creadas por ellas o de segunda generación; profesionales, ingenieras y alguna que otra técnica en instalaciones o informática, aunque todavía son muy minoritarias; y en áreas de gestión, como en cualquier otro sector, ejecutivas —menos que en otros sectores como pueden ser las finanzas u otros servicios— y, como en el resto de la industria, pocas en producción y en áreas de dirección intermedia”.

Ese avance, sin embargo, todavía convive con importantes desequilibrios. Las estadísticas muestran que la presencia femenina sigue siendo minoritaria en muchas áreas técnicas, especialmente en producción industrial o en determinadas ingenierías.

Las cifras ayudan a entender la magnitud del reto. En el subsector de la industria manufacturera de la Comunidad Valenciana, por ejemplo, el número total de personas ocupadas ha pasado de 326.300 en 2020 a 384.600 en 2025. De ellas, 107.300 son mujeres. Los hombres, con 277.300 ocupados, concentran más de siete de cada diez empleos. En términos porcentuales, el peso femenino apenas ha variado en los últimos años.

En los puestos administrativos la paridad es prácticamente total, pero la brecha es especialmente notable en producción, donde la representación femenina apenas alcanza el 5 % en las cadenas de montaje. Este dato evidencia que la incorporación de la mujer al metal no es coyuntural, sino un reto estructural.

Aunque la presencia femenina en el mercado laboral español ha aumentado de forma sostenida en las últimas décadas, los datos muestran que la distribución por sectores sigue reflejando importantes diferencias. Según los últimos datos de afiliación a la Seguridad Social correspondientes a febrero de 2025, presentados por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, los hombres representan el 53,1% del total de trabajadores afiliados, mientras que las mujeres suponen el 46,9%.

Sin embargo, cuando se analizan los sectores productivos de forma desagregada, la brecha se amplía de manera notable en determinadas actividades industriales. En la industria manufacturera, por ejemplo, las mujeres representan únicamente el 28,4% del total de afiliados, frente al 71,6% de hombres. Este desequilibrio evidencia que, a pesar de los avances, la presencia femenina sigue siendo claramente minoritaria en uno de los pilares del tejido productivo.

A pesar de estos avances, los datos siguen mostrando desequilibrios importantes en muchas áreas tecnológicas. Cecilia Hernández, directora de Programas e Industria de la Agencia Espacial Española, presidenta del Comité Científico de la Agencia Europea del Espacio y miembro de la junta directiva de AMIT, explica que la distribución del talento femenino en el ámbito científico continúa siendo desigual. Según señala, “aunque se podría decir que ha habido avances en líneas generales, la realidad es que las mujeres que se orientan hacia las carreras de ciencia lo hacen mayoritariamente hacia las relacionadas con las ciencias de la salud y los cuidados. Las cifras en las llamadas ciencias duras, incluyendo matemáticas, físicas y la mayoría de las ingenierías, se mantienen bajas, e incluso en retroceso”.

La situación también se refleja en la evolución de las carreras profesionales. Hernández recuerda que persisten las conocidas “gráficas de tijera”, en las que la presencia femenina disminuye a medida que se asciende en la jerarquía profesional. “Si las egresadas universitarias son minoría en ingenierías, matemáticas y físicas, la cifra en términos porcentuales desciende todavía más si miramos a su proyección profesional en la industria y, especialmente, en los puestos de responsabilidad”, explica.

Algunos indicadores permiten dimensionar esta brecha. El último informe de Mujeres e Innovación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades sitúa en el 29,2% la participación femenina en actividades innovadoras dentro de las empresas españolas, apenas un punto más que hace dos años. La presencia es ligeramente mayor en las grandes compañías, donde alcanza el 31%. En el ámbito de la innovación tecnológica, las solicitudes de patentes internacionales PCT presentadas por mujeres inventoras en España entre 2015 y 2024 muestran una tendencia de crecimiento moderado, aunque todavía se sitúan en el 27,8%.

Los datos también reflejan cómo la participación laboral continúa muy condicionada por la especialización sectorial. Las mujeres concentran una mayor presencia en ámbitos vinculados a los servicios, como las actividades sanitarias y sociales, el comercio o la educación, que figuran entre los sectores con mayor número de afiliadas. En cambio, los hombres siguen predominando en ramas como la industria manufacturera, la construcción o el transporte y almacenamiento, actividades tradicionalmente asociadas a perfiles técnicos e industriales.

Talento femenino

Este patrón confirma que el reto no se limita únicamente al acceso al empleo, sino también a la diversificación de las trayectorias profesionales y a la incorporación de más mujeres a sectores estratégicos como la industria, la ingeniería o la tecnología.

Vocaciones que empiezan en las aulas

El origen de muchas de estas brechas se encuentra en etapas tempranas del sistema educativo. Aunque las niñas obtienen resultados académicos similares o incluso superiores a los niños en materias científicas, la elección de estudios técnicos sigue estando marcada por estereotipos de género.

Durante años, las carreras relacionadas con la ingeniería o la tecnología han sido percibidas como opciones “masculinas”. Esa percepción influye tanto en las decisiones de las estudiantes como en las expectativas del entorno.

Sin embargo, nuevas generaciones de jóvenes están cuestionando esa idea y apostando por itinerarios formativos vinculados a la industria y la tecnología.

Es el caso de Laura Illana Martos, alumna de último curso en Programación de la Producción en la Fabricación Mecánica en Salesianos Atocha, quien explica para industry TALKS cómo su experiencia refleja el cambio que vive el sector.

“Cuando echo la vista atrás y pienso en el proceso hasta llegar aquí, me doy cuenta de que, aunque todavía no seamos mayoría, sobre todo en talleres y puestos más técnicos, ya no es algo extraño. Mi experiencia me ha enseñado que el papel de la mujer en la industria no es una excepción, es una realidad que crece cada año.

En mi día a día, entre planos, procesos, máquinas y decisiones técnicas, he aprendido algo muy importante: no se trata de demostrar constantemente que podemos estar aquí, sino de asumir con naturalidad que este también es nuestro sitio. La industria necesita personas comprometidas, con criterio, capacidad de resolver problemas y pasión por lo que hacen. Y esas cualidades pertenecen a ambos géneros”.

Laura también destaca cómo la evolución tecnológica está cambiando la propia naturaleza del trabajo industrial.

“Creo sinceramente que el sector industrial está cambiando. Es cada vez más tecnológico, más innovador y también más abierto. La digitalización, la automatización y las nuevas formas de trabajar están transformando la manera en la que entendemos la fabricación, y eso crea un espacio enorme para que más mujeres se incorporen y también lideren proyectos”.

Formación técnica y oportunidades profesionales

La formación profesional se ha convertido en una de las vías más eficaces para acceder al sector industrial. En España, la demanda de técnicos cualificados crece de forma constante, impulsada por la transformación tecnológica de las empresas.

Muchos estudiantes encuentran en estos programas una combinación de aprendizaje práctico y alta empleabilidad. También para las mujeres, que empiezan a descubrir las oportunidades que ofrecen estos itinerarios formativos.

Sandra Montejano Benito, que cursó el grado superior de Mecatrónica Industrial antes de iniciar una ingeniería electrónica y automática industrial, explica para industry TALKS cómo decidió apostar por este camino tras visitar un centro educativo especializado.

“Al final del último año de bachillerato opté por asegurar una plaza en un grado superior, además de contemplar la posibilidad de entrar en una ingeniería relacionada con el sector.

Hice una visita a Salesianos Atocha, donde me explicaron los distintos grados que había. Me matriculé en Mecatrónica Industrial, ya que era la que más me interesaba. Al final he realizado ambas formaciones. Primero el grado superior de formación profesional, para asegurarme de que me gustaba esta materia y tener una profesión ya consolidada; y el grado universitario en ingeniería electrónica y automática industrial”.

El proceso de compaginar ambas formaciones no fue sencillo. “El primer año fue duro, no tenía tiempo para nada. Aprobé dos asignaturas de la carrera y, por supuesto, el primer año del grado superior. En el segundo año, como tenía las prácticas y el trabajo de fin de grado, decidí no matricularme en ninguna asignatura de la carrera”.

Mujer en la industria

Actualmente trabaja como técnica de sistemas de gestión de edificios en la empresa donde realizó sus prácticas, mientras continúa su formación universitaria. “Creo que fue una decisión acertada, porque la formación profesional me ha aportado muchos conocimientos básicos del sector de forma muy práctica, proporcionándome una profesión con grandes salidas laborales”.

Sandra reconoce que al principio puede resultar intimidante entrar en un entorno donde la mayoría de compañeros son hombres. “Sé por experiencia que al principio da un poco de vértigo ser muy pocas mujeres en este sector, pero realmente he comprobado que no hay diferencias”.

Para ella, el mensaje es claro: más mujeres deberían considerar estas carreras. “Es un ámbito apasionante, dinámico y con grandes oportunidades profesionales”.

Diversidad e innovación tecnológica

Más allá de la cuestión de la igualdad, numerosos estudios coinciden en que la diversidad mejora los resultados de los equipos de trabajo. La presencia de personas con distintas perspectivas, experiencias y enfoques favorece la creatividad y la capacidad de resolver problemas complejos.

En ingeniería y tecnología, donde las soluciones deben responder a necesidades sociales cada vez más diversas, esta idea cobra especial relevancia.

Así lo subraya para industry TALKS Ruth Carrasco Gallego, ingeniera industrial y adjunta a la Dirección para Transformación Sostenible, responsable del espacio de igualdad y diversidad de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid.

“No puede haber buena ingeniería y buena tecnología sin las mujeres. Para diseñar los mejores medios de transporte, ingeniar los robots más adaptados a las necesidades sociales, repensar nuestro sistema energético o digitalizar teniendo en cuenta todas las variables, es necesario contar con equipos diversos que incluyan y valoren todas las miradas, porque es desde ahí que surge la innovación”.

Carrasco considera que la brecha de género en las profesiones STEM es un fenómeno complejo que requiere un enfoque amplio y sostenido. “La brecha de género en ámbitos STEM es un reto complejo, intrincado, que no admite soluciones simplistas ni debates polarizados. Ha de abordarse con visión sistémica y en alianza, con esfuerzos concertados”.

Las políticas de diversidad, igualdad e inclusión han demostrado generar resultados positivos tanto en términos sociales como empresariales. “La experiencia también nos demuestra que nuestros sistemas tienen mucha inercia y si no seguimos nutriendo estos procesos de transformación, rápidamente se vuelve al status quo anterior”, concluye Carrasco.

Las diferencias también se hacen visibles cuando se analiza el emprendimiento tecnológico. Según explica Cecilia Hernández, las peores cifras se registran precisamente en este ámbito. “En el entorno universitario la participación femenina es elevada y está al mismo nivel que la de los hombres en investigación competitiva; incluso es ligeramente superior en gestión. Sin embargo, es menor en transferencia tecnológica, un ámbito tradicionalmente masculino”, señala.

Este desequilibrio también se refleja en el tejido empresarial innovador. En las empresas que cuentan con el sello de pyme innovadora, solo el 15% de las personas representantes legales son mujeres, lo que evidencia que todavía persisten barreras significativas para acceder a posiciones ejecutivas. Incluso en los grandes órganos de decisión la desigualdad continúa siendo visible. Aunque la presencia femenina en los consejos de administración del IBEX-35 se aproxima ya al 40%, las presidencias siguen estando de forma muy mayoritaria en manos masculinas. Una situación similar se observa en las Cámaras de Comercio, donde las presidencias femeninas apenas alcanzan porcentajes de un solo dígito.

Esta relación entre diversidad e innovación también se percibe en el sector energético, donde la transición hacia modelos más sostenibles está transformando los perfiles profesionales y las dinámicas de trabajo. Nuria Román, directora de Compras de Iberdrola | bp pulse, lo explica para industry TALKS: “Si echo la vista hacia atrás, en los inicios de mi carrera era muy habitual ser la única mujer en reuniones y equipos de trabajo y no tener referentes femeninos en la dirección. Hoy el panorama es distinto: hay más mujeres en áreas técnicas, en proyectos estratégicos y en posiciones de dirección. Sin ninguna duda, actualmente el talento femenino es más habitual en los procesos de toma de decisiones en empresas de todos los tamaños y sectores”.

Así, ha añadido que “la buena noticia es que cada vez existen más evidencias de que los equipos diversos gestionan mejor las situaciones complejas, son más innovadores y, por tanto, impulsan transformaciones más profundas”.

El desafío de los sectores estratégicos

La industria aeroespacial constituye uno de los ejemplos más claros de sectores altamente tecnológicos donde la presencia femenina ha sido históricamente reducida.

Ingeniera

Se trata de un ámbito estratégico para la economía, con una fuerte inversión en investigación y desarrollo y un alto nivel de especialización profesional. En los últimos años, sin embargo, también se observan avances.

Isabel Maestre, presidenta de Ellas Vuelan Alto, explica para industry TALKS que el sector ha empezado a experimentar cambios significativos. “En Ellas Vuelan Alto trabajamos dentro del sector aeroespacial y aeronáutico y de toda la cadena industrial que lo rodea. Es un entorno altamente tecnológico, estratégico y tradicionalmente muy masculinizado. Hemos visto avances reales en los últimos años: más mujeres en ingeniería, en operaciones, en puestos técnicos y también en dirección”.

Aun así, la presencia femenina sigue siendo limitada en determinadas áreas y especialmente en los niveles más altos de decisión. “Cuando miras determinadas áreas STEAM o los niveles más altos de decisión, la presencia femenina sigue siendo limitada”.

Por eso la asociación trabaja en iniciativas concretas para impulsar el talento femenino. “Organizamos foros y encuentros sectoriales donde las profesionales comparten su experiencia y visibilizan proyectos reales. Impulsamos iniciativas como Reto Amelia para acercar las vocaciones STEAM a niñas y jóvenes. Y colaboramos con empresas del sector para trabajar en desarrollo profesional, liderazgo y atracción de talento femenino”.

En el ámbito de la transición energética, las competencias STEM se han vuelto esenciales para liderar la transformación del sector. Así lo recalca Nuria Román: “En una compañía como Iberdrola | bp pulse, que opera en el epicentro de la movilidad eléctrica y de la transición energética, las competencias STEM son fundamentales prácticamente en cualquier perfil. Hablamos de conocimientos ligados a la ingeniería eléctrica y de telecomunicaciones, al diseño y operación de infraestructuras de recarga, al almacenamiento energético o a la gestión inteligente de datos”.

“Contar con equipos diversos, donde las mujeres tengan presencia real en la toma de decisiones técnicas y estratégicas, refuerza la capacidad de la organización para anticipar tendencias, adaptarse al entorno y liderar proyectos complejos”, concluye.

Para muchas expertas, impulsar la presencia femenina en la ciencia, la ingeniería y la industria requiere actuar desde varios frentes de manera simultánea. Cecilia Hernández considera que uno de los primeros pasos es disponer de información precisa. “Mantener información desagregada es fundamental. Solo con eso ya se invita a la actuación”, explica. A ello se suma la necesidad de visibilizar referentes y animar a las profesionales a presentarse a puestos de responsabilidad y liderazgo.

Las políticas educativas también desempeñan un papel clave. Programas como Una ingeniera en cada cole, impulsado por la asociación AMIT, buscan despertar vocaciones científicas desde las primeras etapas educativas y acompañar a las jóvenes en el momento de elegir su carrera. A lo largo de la trayectoria profesional, añade Hernández, resulta igualmente importante impulsar redes de mentorazgo y fortalecer las comunidades de mujeres profesionales.

Junto a estas iniciativas, las políticas públicas pueden desempeñar un papel decisivo. “Es necesario poner en marcha acciones positivas desde los poderes públicos para aumentar la presencia de las mujeres en la innovación y la tecnología, por ejemplo en contratos públicos o convocatorias de ayudas a la I+D+i”, señala. En este sentido, destaca iniciativas como las convocatorias NEOTEC, que reservan parte de la financiación a proyectos empresariales liderados por mujeres, o la línea de apoyo a emprendedoras digitales, orientada a fomentar el liderazgo femenino en la creación de soluciones tecnológicas.

Reconocer a las ingenieras

La visibilización de referentes femeninos se ha convertido en una de las herramientas más eficaces para impulsar vocaciones STEM. En ese contexto, el Instituto de la Ingeniería de España ha creado los Premios Hedy Lamarr, un reconocimiento que pone en valor el talento femenino en ámbitos científicos y tecnológicos.

En su primera edición, diez ingenieras han sido distinguidas por su contribución a la innovación, la sostenibilidad, la digitalización industrial o la movilidad. Las galardonadas son Pilar Tejo, exdecana del Colegio oficial de Ingenieros Navales; Mary Cruz Díaz, presidenta del IIE, presidenta de la Asociación Nacional de Ingenieros Agrónomos (ANIA) y exdecana del  Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Centro y Canarias; Mª Jesús Prieto, expresidenta del IIE y de la Federación Mundial de Organizaciones de Ingeniería (WFEO); Estefania Matesanz, exdecana del Colegio Oficial de Ingenieros Aeronáuticos de España (COIAE); Teresa Estevan, exdecana del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid (COIIM); Isabel Reija, presidenta de la Asociación de Ingenieros del ICAI, y decana del Colegio de Ingenieros ICAI; Conxita Villar Mir, decana del Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Cataluña (COEAC); Marta Balenciaga, decana y presidenta del Colegio Oficial Ingenieros de Telecomunicación (COIT); Lola Ortiz, exdecana del Colegio de Ingenieros de Caminos Canales y Puertos de Madrid; y Ana Belén Noriega, decana-presidenta del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales (COITF) y Graduados en Ingeniería del Medio Natural.

Todas ellas han desempeñado responsabilidades destacadas en colegios profesionales, asociaciones de ingeniería y organismos vinculados al desarrollo tecnológico. El nombre del premio rinde homenaje a Hedy Lamarr, inventora pionera cuyo trabajo sentó las bases de tecnologías que hoy resultan fundamentales, como el WiFi, el GPS o el Bluetooth. Su figura simboliza el talento femenino que durante décadas quedó oculto en la historia de la ingeniería.

Mujeres en carreras STEM

Aunque el camino hacia la igualdad plena en los sectores STEM todavía es largo, los avances de los últimos años muestran que el cambio ya está en marcha. Cada vez más empresas integran la diversidad en su estrategia corporativa, conscientes de que la innovación depende de la capacidad de atraer talento diverso. Las universidades y centros educativos también han reforzado sus programas de orientación para fomentar vocaciones científicas entre las estudiantes.

Paralelamente, asociaciones profesionales, colegios de ingenieros y organizaciones empresariales trabajan para visibilizar el papel de las mujeres en la industria. Todo ello está contribuyendo a construir una nueva narrativa: la de una industria más abierta, más tecnológica y más diversa. Las nuevas generaciones parecen dispuestas a consolidar ese cambio. “Mi generación quiere aprender, aportar valor y construir nuestro propio camino”, afirma Laura Illana.

Para muchas profesionales del sector, uno de los retos pendientes sigue siendo animar a más jóvenes a elegir carreras STEM. Nuria Román lanza este mensaje a las más jóvenes: “En primer lugar, les diría que no se dejen llevar por percepciones preconcebidas y que no tengan miedo. La industria ha cambiado mucho y sigue haciéndolo. Hoy hay más espacio que nunca para el talento que, independientemente del género, marca la diferencia”.

“La industria puede seguir percibiéndose como un entorno masculinizado, pero precisamente por eso es tan relevante la presencia de mujeres. No para simbolizar un cambio, sino para liderarlo”.

Una idea que resume el espíritu de muchas jóvenes que hoy estudian ingeniería, programación, robótica o fabricación industrial. El talento femenino ya forma parte del presente de la industria. Y, cada vez con más fuerza, también de su futuro.

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