El nuevo reglamento se enmarca en un contexto de creciente competencia global, marcado por las políticas industriales de potencias como Estados Unidos o China y por la presión que afrontan las cadenas de suministro europeas tras las crisis geopolíticas y energéticas de los últimos años.
La propuesta parte de un diagnóstico compartido por las instituciones comunitarias y gran parte del tejido empresarial: Europa necesita reforzar su autonomía industrial si quiere mantener su competitividad en sectores clave para la transición energética y tecnológica. Para ello, el texto introduce distintos instrumentos orientados a favorecer la producción dentro de la Unión Europea y a orientar la inversión hacia capacidades industriales estratégicas.
Uno de los elementos centrales del reglamento es la utilización de la política industrial y de contratación pública para incentivar la producción europea. La iniciativa contempla criterios que prioricen el origen europeo de determinados productos en proyectos financiados con fondos públicos, con el objetivo de reforzar las cadenas de valor industriales dentro del bloque. La Comisión pretende así que la transición hacia tecnologías más sostenibles no se traduzca en una pérdida de tejido productivo en Europa, sino en una oportunidad para consolidar su capacidad industrial.
El reglamento también introduce definiciones y umbrales vinculados al contenido local en determinadas industrias, con especial atención a sectores estratégicos como la automoción. En este ámbito, la propuesta plantea la creación de una definición estructurada de “vehículo europeo”, basada en varios criterios que incluyen el ensamblaje en territorio comunitario y porcentajes mínimos de contenido local en la cadena de producción. El objetivo es garantizar que una parte significativa del valor añadido generado por la transición hacia el vehículo eléctrico permanezca dentro de la Unión Europea.
La iniciativa refleja un cambio de enfoque en la política económica comunitaria, tradicionalmente basada en la apertura comercial y la neutralidad tecnológica. Con el Industrial Accelerator Act, Bruselas apuesta por un enfoque más estratégico que busca equilibrar la apertura de los mercados con la protección y el desarrollo de capacidades industriales consideradas esenciales para el futuro económico del continente.
Sernauto valora positivamente el “Industrial Accelerator Act”
En este contexto, desde Sernauto valoran positivamente la iniciativa impulsada por la Comisión Europea. La asociación considera que el nuevo marco puede contribuir a reforzar la base industrial europea en un momento de profunda transformación del sector. Según explican desde la organización, el reglamento “permitirá garantizar y mejorar las capacidades industriales y tecnológicas con las que se cuenta en Europa”, algo especialmente relevante en un entorno de creciente presión competitiva global y de rápida evolución de la cadena de valor del automóvil.
Desde el sector de proveedores destacan especialmente la introducción de una definición de vehículo europeo basada en tres criterios principales: el ensamblaje en la Unión Europea, un umbral inmediato del 70% de contenido local en la producción de automoción y un 50% de contenido europeo para componentes críticos que entraría en vigor tres años después de la adopción de la normativa. Este planteamiento responde, según la industria, a la necesidad de garantizar condiciones de competencia equilibradas y reforzar los incentivos a la localización de capacidades industriales dentro del territorio comunitario.
En este sentido, José Portilla, director general de Sernauto, subraya que la iniciativa supone un paso relevante en la estrategia industrial europea. “A la espera de analizar en detalle el documento, consideramos que hoy la Comisión Europea ha dado un paso muy importante con este reglamento, al establecer un paquete de medidas orientadas a reforzar la base industrial europea y mantener las capacidades estratégicas de producción en esta región, así como a garantizar condiciones de competencia equilibradas”, señala. En su opinión, el establecimiento de un umbral inmediato del 70% de contenido local “garantizará que una parte significativa del valor añadido de la fabricación de vehículos en Europa se quede en esta región, algo ampliamente reclamado desde los proveedores de automoción”.
No obstante, desde la asociación también advierten de que algunos aspectos del texto deberán analizarse con detalle durante el proceso legislativo que ahora se abre en el Parlamento Europeo y el Consejo. Entre ellos, la posibilidad de que determinados socios comerciales considerados “de confianza” puedan ser reconocidos por la Comisión mediante actos delegados, de modo que su contenido sea tratado como equivalente al de origen europeo en algunos instrumentos de política pública. Desde la perspectiva de política industrial, este elemento requerirá una evaluación cuidadosa, ya que la efectividad de los mecanismos de contenido europeo dependerá en gran medida de los criterios que se establezcan para dicho reconocimiento y de las garantías que se articulen para evitar posibles mecanismos de elusión o distorsiones competitivas.
Unesid valora de forma positiva el paso de Bruselas pero advierte de algunas debilidades
Una visión más crítica ha trasladado el sector siderúrgico. Desde Unesid reconocen la importancia del paso dado por Bruselas, aunque advierten de que el texto presenta algunas debilidades que deberían corregirse durante su tramitación legislativa. Carola Hermoso, directora general de Unesid, ha comentado que desde la organización valora «positivamente la intención de la Comisión Europea de reforzar la base industrial europea y acelerar la descarbonización de los sectores estratégicos a través del nuevo Industrial Accelerator Act. Sin embargo, desde el sector siderúrgico consideramos que la propuesta presenta algunas carencias importantes que deberían abordarse durante su tramitación legislativa”.
La patronal siderúrgica muestra su preocupación por el hecho de que el acero haya quedado fuera de los requisitos de preferencia europea previstos en la propuesta. Según explica Carola Hermoso, directora general de Unesid, “no nos parece una buena señal que el acero haya quedado fuera de los requisitos de preferencia europea previstos en la propuesta. Este enfoque limita el potencial impacto del instrumento, ya que una preferencia europea aplicada también al acero permitiría generar un efecto tractor a lo largo de toda su cadena de valor, beneficiando a múltiples sectores industriales y reforzando la resiliencia de las cadenas de suministro europeas”.
Además, desde la asociación consideran que la definición de origen europeo planteada en el reglamento podría resultar demasiado flexible. “El hecho de que se considere equivalente al origen de la Unión el contenido procedente de terceros países con los que la UE mantiene acuerdos de libre comercio desvirtúa el propio concepto de ‘origen europeo’ y reduce significativamente el impacto real que estas medidas podrían tener en el fortalecimiento de la base industrial europea”, explica Carola Hermoso, directora general de Unesid.
Por ello, el sector siderúrgico confía en que el debate legislativo permita reforzar algunos elementos del texto. Según concluye Carola Hermoso, directora general de Unesid, el objetivo debería ser que el reglamento “contribuya de manera más efectiva a impulsar la demanda de materiales industriales producidos en Europa y a consolidar la competitividad de la industria europea en un contexto global cada vez más complejo”.
El Industrial Accelerator Act inicia ahora su recorrido legislativo en las instituciones europeas, donde deberá ser debatido y negociado por el Parlamento Europeo y el Consejo. Durante ese proceso, las instituciones y los distintos sectores industriales tratarán de perfilar el alcance definitivo de una norma que aspira a convertirse en una pieza clave de la política industrial europea en la próxima década. El resultado de ese debate determinará hasta qué punto la Unión Europea logra transformar su ambición de autonomía estratégica en un nuevo impulso para su tejido productivo.

