La energía se ha convertido en un factor crítico de competitividad industrial en Europa. ¿Cómo está afectando el coste y la volatilidad energética a los grandes consumidores de gases industriales en la península ibérica?
La energía es, hoy, uno de los principales determinantes de competitividad para la industria en la península ibérica. En sectores electrointensivos —como la siderurgia, el vidrio o los minerales— la factura energética condiciona completamente la demanda y la capacidad de invertir a largo plazo.
En los últimos años hemos vivido situaciones extremas: desde la crisis energética derivada de la guerra de Ucrania hasta episodios locales como el incremento repentino del coste de operación del sistema tras el apagón de abril de 2025.
Tanto nuestros clientes como nosotros necesitamos dos cosas:
1) costes más competitivos para asegurar actividad industrial sostenida, y
2) mayor previsibilidad a largo plazo, imprescindible para justificar inversiones.
En Nippon Gases —que pronto pasará a operar bajo el nombre Nippon Sanso— impulsamos desde hace años programas de eficiencia, electrificación optimizada, digitalización y soluciones que combinan oxígeno, hidrógeno y captura para reducir la dependencia de combustibles fósiles y bajar la exposición a la volatilidad.
Desde su experiencia, ¿qué diferencias competitivas observa hoy entre la industria de la península ibérica y otras regiones como EE. UU. o Asia en términos de acceso a energía asequible?
La diferencia de coste energético es hoy claramente estructural. Estados Unidos opera con precios de energía sensiblemente inferiores —a menudo entre dos y cuatro veces más bajos que en Europa— impulsados por una fiscalidad más reducida, mercados energéticos más integrados y un entorno regulatorio mucho más estable. En Asia ocurre algo similar en regiones como China o Oriente Medio, donde los costes energéticos también se mantienen en niveles muy competitivos.
Europa, por el contrario, soporta mayores costes derivados del Emissions Trading System o ETS, una fiscalidad energética más elevada y la dependencia de materias primas importadas. odo ello tensiona la competitividad de industrias expuestas al comercio global, especialmente aquellas que compiten directamente con regiones donde la energía es más asequible y estable.
Para cerrar esta brecha no basta solo con mejorar el coste energético: Europa necesita urgentemente acelerar los permisos, simplificar cargas administrativas y reducir los plazos de tramitación. Hoy, proyectos energéticos e industriales que podrían mejorar la competitividad tardan años en aprobarse, frente a procesos mucho más ágiles en EE. UU. o Asia. La rapidez en permisos —para renovables, infraestructuras eléctricas, gases renovables o modernización de plantas— se convierte en un factor competitivo en sí mismo.
Desde Nippon Gases, nuestra prioridad es contribuir a mitigar esa desventaja estructural mediante tecnologías que reducen el consumo energético, mejoran la eficiencia y recortan emisiones. Ayudamos a que nuestros clientes mantengan su competitividad en un entorno europeo más complejo, mientras defendemos un marco regulatorio más ágil y predecible que permita a la industria avanzar tan rápido como lo exige el mercado global.
Se habla mucho de electrificación, pero no todos los procesos pueden electrificarse fácilmente. ¿Qué alternativas reales están viendo hoy en planta?
Aunque la electrificación es una vía clave para descarbonizar la industria, en muchas plantas existen procesos —especialmente los que requieren calor de media y alta temperatura— donde electrificar no es técnica o económicamente viable. Por ello, las plantas industriales están incorporando alternativas como biomasa y biogás para generar calor renovable, hidrógeno verde en aplicaciones de alta temperatura, así como redes de calor renovables, solar térmica y sistemas de recuperación de calor residual, que permiten reducir emisiones sin depender exclusivamente de la electrificación directa.
Nuestras operaciones en Nippon Gases están ya muy electrificadas: somos una compañía altamente electrointensiva y llevamos años optimizando procesos y equipos. Sin embargo, cuando analizamos nuevas inversiones o ampliaciones, vemos un reto creciente: la saturación de la red eléctrica en determinadas zonas de la península ibérica. Esto dificulta avanzar en electrificación al ritmo que la transición energética exige.
Como país, necesitamos reforzar infraestructuras energéticas para permitir que la industria existente se mantenga competitiva y que nuevas inversiones lleguen. En paralelo, tecnologías como la oxicombustión, el biogas/biometano, el uso de hidrógeno en mezcla o la captura de CO₂ ofrecen alternativas inmediatas cuando la electrificación total no es viable. Ahora bien, cualquier opción debe evaluarse bajo un criterio riguroso de coste‑beneficio: si ser más sostenible implica perder competitividad, las empresas simplemente no podrán sobrevivir.
¿En qué procesos industriales considera que el uso de oxígeno, hidrógeno o tecnologías de captura de CO2 aporta un retorno más inmediato en descarbonización?
El retorno más inmediato se logra en procesos térmicos intensivos, donde estas tecnologías pueden integrarse sobre las instalaciones existentes sin necesidad de renovaciones profundas. En sectores como cemento, acero y química, la oxicombustión destaca porque genera gases de escape con una elevada concentración de CO2, facilitando su captura y reduciendo de forma muy significativa las emisiones. Al eliminar el nitrógeno del aire de combustión, permite además alcanzar temperaturas de llama más altas con menor consumo energético, mejorando el rendimiento global del proceso y reduciendo las emisiones específicas. Incluso en configuraciones de combustión convencional, los quemadores duales H2/gas natural están mostrando resultados muy prometedores como solución de transición.
El oxígeno se ha convertido en una de las palancas más eficaces para descarbonizar procesos termo‑intensivos. En sectores como siderurgia, metalurgia, vidrio o cerámica, su uso mejora la eficiencia térmica, reduce el consumo de combustible y disminuye de manera inmediata las emisiones de CO₂ y NOx, aportando un impacto rápido y medible sin necesidad de cambios estructurales.
En general, las tecnologías con mayor retorno inmediato son aquellas que pueden incorporarse aprovechando la infraestructura existente: oxígeno para optimizar la combustión, hidrógeno en mezcla para reducir emisiones sin sustituir equipos, u opciones de captura de CO₂ integradas en sistemas ya operativos. Se trata de soluciones maduras, disponibles y con impacto directo, que ya forman parte del portfolio que Nippon Gases despliega en plantas industriales de toda Europa para acelerar la descarbonización sin comprometer la continuidad operativa.
El hidrógeno renovable genera grandes expectativas. ¿Dónde ve hoy aplicaciones viables a corto y medio plazo?
El hidrógeno renovable empieza a ser técnicamente viable en procesos térmicos de muy alta intensidad, especialmente en siderurgia. También vemos aplicaciones inmediatas en sectores que ya utilizan hidrógeno —como refino o química básica— donde sustituirlo por renovable no supone un cambio operativo complejo.
El desafío principal sigue siendo económico: la competitividad del hidrógeno renovable debe mejorar para permitir su implantación sin comprometer la estructura de costes industriales. Mientras tanto, trabajamos con clientes para integrar proyectos híbridos que combinan eficiencia, oxígeno, digitalización y mezclas progresivas de H2.
¿La regulación europea acompaña a la industria en esta transición?
En gran medida sí, aunque no sin desafíos relevantes.
Europa ha liderado la descarbonización global y es la región que más ha reducido sus emisiones en las últimas décadas. Sin embargo, avanzar hacia la siguiente fase de esta transformación es cada vez más exigente. Requisitos como la adicionalidad o la correlación temporal y regional en el uso de energía renovable pueden percibirse como barreras, pero tienen un propósito claro: garantizar que la transición sea sólida, creíble y alineada con el objetivo de neutralidad climática en 2050. Aunque demandantes para la industria, estos criterios refuerzan la integridad ambiental del sistema.
Al mismo tiempo, existen sectores —como el acero, el cemento o los fertilizantes— que afrontan un desajuste entre la velocidad regulatoria y su capacidad real de inversión. Medidas como el CBAM o la retirada progresiva de derechos gratuitos de CO₂ llegan en un momento en el que muchas empresas aún no han podido completar sus planes de modernización, lo que genera presiones de competitividad a corto plazo y riesgo de pérdida de tracción industrial.
En resumen, la regulación europea acompaña, pero también exige. La clave está en encontrar un equilibrio entre ambición climática y competitividad industrial.
Desde Nippon Gases, defendemos que esta transición solo será viable si se apoya en un marco regulatorio claro, estable y predecible, que permita a la industria invertir con seguridad, transformarse con éxito y seguir generando valor para Europa a largo plazo.
De cara a 2030–2040, ¿cuál es el mayor riesgo y la mayor oportunidad para la industria europea?
El principal riesgo es la creciente volatilidad geopolítica, que afecta directamente a la energía, materias primas y cadenas de suministro.
La gran oportunidad está en nuestras fortalezas estructurales: talento altamente cualificado, liderazgo tecnológico, una base industrial sólida y una regulación avanzada. Si somos capaces de adaptarnos con rapidez, innovar y reforzar la autonomía estratégica, la próxima década puede convertirse en una oportunidad histórica para reindustrializar Europa.
La sostenibilidad ya no es opcional: se ha convertido en el nuevo lenguaje de la competitividad. Pero esa transformación solo será real y duradera si las soluciones verdes son rentables tanto para quienes las desarrollan como para quienes las adoptan. Solo cuando la sostenibilidad vaya de la mano de la viabilidad económica —creando valor, reduciendo costes y fortaleciendo el negocio— podremos avanzar de verdad y alcanzar los objetivos que todos perseguimos.
¿Qué papel quiere jugar Nippon Gases en ese nuevo modelo industrial descarbonizado?
Nuestro papel es claro: ser el socio estratégico que ayude a la industria a ganar eficiencia, competitividad y avanzar con decisión hacia la descarbonización.
Hoy somos un vector esencial para la descarbonización industrial. No nos limitamos a No solo producimos y suministramos gases industriales: aportamos tecnología, ingeniería y experiencia capaces de transformar procesos intensivos en energía y emisiones. Desde la combustión verde —que sustituye progresivamente el gas natural por mezclas de hidrógeno y oxígeno— hasta la captura de CO₂, las soluciones de economía circular, o el desarrollo de biometano e hidrógeno renovable, nuestro objetivo es acompañar a la industria en cada etapa de esta transición.
A la vez, estamos descarbonizando nuestras propias operaciones, gracias a sistemas de producción cada vez más eficientes y alineados con compromisos internacionales como los Science Based Targets (SBTi) y la estrategia global Carbon Neutral World de Nippon Sanso Holdings. Esta visión resume bien nuestro propósito: ayudar a nuestros clientes a operar de forma más limpia, más eficiente y más competitiva.
La evolución hacia Nippon Sanso, a partir del 1 de abril de 2026, no es solo una actualización de marca: refuerza nuestra ambición de liderar la transición energética industrial en Europa, integrando aún más innovación, tecnología y alcance global.
En definitiva, queremos ser parte activa de la solución, impulsando tecnologías que reduzcan emisiones hoy y preparando a nuestros clientes para los retos regulatorios y energéticos de mañana.

