Lo que hace 10 ó 15 años era inimaginable, «ahora realmente es un problema y un obstáculo», admitió Rocío Merlino, HR & Legal Director de Nippon Gases Iberia. «Encontrar talento» y «garantizar el relevo generacional».
Aparte de los factores demográficos, las carreras de ingeniería no motivan. Y el problema no es solo local sino global, ha apostillado Sara Gómez Martín, directora del Proyecto Mujer e Ingeniería de la Real Academia de Ingeniería. «A eso le añadimos la gran demanda de perfiles tecnológicos. Necesitamos perfiles STEM», dijo. Y las empresas, incluso, se roban el personal las unas a las otras.
Para Gómez, el problema está más arriba de la universidad porque a los niños y niñas se les explican «muy mal las matemáticas» y se están «frustrando vocaciones» desde edades tempranas. También ha opinado que a los ingenieros se les paga mal, porque «el talento hay que pagarlo». Y en el caso de las mujeres, superpuesto a este, existe otra capa: «las mujeres necesitamos un propósito para hacer las cosas y no vemos el propósito social de la ingenería, es decir, cómo es capaz de transformar el mundo en algo mejor.
Por su parte, Raymond den Haan, Global Talent Acquisition de Talentum Global Recruitment Services, hizo hincapié en una política migratoria que favorezca a la gente altamente cualificada, para que tenga mayor posibilidad de obtener la residencia.
También surgió entre los panelistas la opción de «pescar en otras aguas», es decir, fuera de las fronteras nacionales dada la escasez de personal.
Todos somos conscientes de la importancia del talento para el futuro de la industria, remarcó Javier Pérez de Vargas, CEO de la Real Academia de Ingeniería. «Voy a ser un poco drástico, pero el futuro será de las empresas que entiendan que son dependientes del talento. Igual que hablamos de empresas electrointensivas, todas las empresas con expectativas de sostenibilidad tienen que ser empresas talento-intensivas».

