«Siendo honestos y transparentes y sinceros, es no estamos bien». Y mostró varios indicadores para entenderlo: el PIB industrial, que Europa tenía el objetivo de tener un 20% en 2020, está en el 17,2%, un punto menos en España. Euskadi y Navarra son las dos únicas excepciones pero en términos generales el peso industrial está bajando en el PIB, ha admitido. Además, hay un gap tecnológico en lo que son tecnologías de digitalización y distribución que también es muy importante y que se refleja en la inversión, ha continuado diciendo. Y una gran dependencia tecnológica que se suma a la energética, y otra de materiales críticos que tienen que ver con la transición económica y la transición digital. «Es decir, estamos en una posición de desventaja», sentenció.
Pero existe espacio para la esperanza. Según un estudio realizado por la consultora internacional McKinsey, la Península Ibérica puede jugar un papel destacado en la descarbonización y en la transición energética, indicó.
Fundamentalmente hay tres grandes ideas-fuerza que soportan la ventaja y la concepción de una oportunidad que tiene la transición energética para la industria de España y Portugal. La primera tiene que ver con la disponibilidad de energía renovable competitiva. «Tenemos un pool energético bastante descarbonizado y competitivo y eso es una ventaja en diferencia con respecto a la inmensa mayoría de los países de Europa», comentó.
Un segundo punto que tampoco es poco relevante es la historia de una industria que ha trabajado como parte de cadenas de valor mucho más grandes a lo largo de la historia. Ahí están los sectores de la automoción, ferroviario, naval, la industria del refino, la industria química, la industria de la cerámica… «Hay muchas capacidades industriales, tanto de industrias principales como de componentistas en distintos entornos en la península ibérica, que nos dan una capacidad de adaptación a un nuevo mercado», estimó Malango.
Y luego hay un tercer elemento que tiene que ver con la economía circular, es decir, España es un territorio que tiene una cantidad considerable de residuos ganaderos, forestales y agrícolas que pueden ser empleados para fabricar combustibles renovables.
Malango citó, en su parlamento, tres grandes drivers que se están postulando como tractores de la reindustrialización, que son los centros de datos, las inversiones en combustibles renovables y las inversiones en automoción juntando la convencional con vehículos eléctricos.
Finalmente pasó revista a los planes de transformación industrial de Repsol que pueden llegar a costar 3.000 millones de euros. En particular se refirió a las plantas de biocombustibles avanzados de Puertollano y Cartagena; a los dos electrolizadores de hidrógeno renovable en Cartagena y Bilbao; y a la ecoplanta de metanol renovable en Tarragona. Y como ventana al futuro, habló del proyecto Synkedia Biscay, «una minirefinería del futuro», una planta demo de combustibles sintéticos que iniciará su fucionamiento este ño de 2026.

