REPORTAJE

El absentismo laboral pone a prueba a la industria: un desafío que trasciende la productividad

El absentismo laboral se ha consolidado como uno de los principales retos para la industria española. Más allá del debate recurrente sobre las horas de trabajo perdidas, empresas, sindicatos y expertos coinciden en que se trata de un fenómeno complejo, en el que confluyen factores sanitarios, demográficos, organizativos y sociales.

El aumento de las incapacidades temporales, el envejecimiento de las plantillas, las enfermedades musculoesqueléticas, los problemas de salud mental y las listas de espera del sistema sanitario dibujan un escenario que obliga a replantear la gestión de los recursos humanos y la prevención de riesgos laborales.

La industria afronta este desafío con una dificultad añadida. A diferencia de otros sectores, muchas de sus actividades se desarrollan mediante procesos continuos, líneas de producción altamente automatizadas o cadenas de suministro en las que la ausencia de un trabajador puede obligar a reorganizar turnos, incrementar las horas extraordinarias o buscar sustituciones urgentes. Todo ello repercute en los costes y en la planificación empresarial.

Un fenómeno al alza en toda la industria

Los últimos estudios reflejan una evolución al alza del fenómeno. Según los datos recopilados por Randstad, el absentismo en la industria alcanza actualmente el 7,4 % de las horas pactadas, una cifra que continúa creciendo desde 2019 y que está impulsada principalmente por las bajas médicas por incapacidad temporal.

Juan Ramón Benito, data analyst de Randstad, resume para industry TALKS así esta evolución: «La evolución temporal del absentismo nos deja una tendencia preocupante. Desde el año 2019 y hasta la actualidad, las mediciones muestran signos de crecimiento constante. En el caso de la industria, el absentismo general alcanza actualmente el 7,4% de las horas pactadas. Esta tendencia procede directa y fundamentalmente del incremento en el absentismo por incapacidad temporal, ya que prácticamente se han duplicado en la última década y son el motor real de la pérdida de horas.»

No todos los subsectores industriales presentan el mismo comportamiento. Las mayores tasas se registran en la recogida y tratamiento de residuos, con un 11,4 % de absentismo; la metalurgia y fabricación de productos siderúrgicos, con un 9,8 %; la fabricación de vehículos de motor, con un 9,7 %; la industria del tabaco, con un 8,9 %, y la industria alimentaria, con un 8,6 %. Se trata, en muchos casos, de actividades donde la carga física, la repetición de movimientos y la exigencia operativa son especialmente elevadas.

Desde The Adecco Group consideran que el fenómeno ha dejado de ser coyuntural para convertirse en un elemento estructural del mercado laboral español. La consultora identifica tres grandes factores detrás del incremento registrado durante los últimos años: el envejecimiento de la población activa, el crecimiento de los problemas relacionados con la salud mental y la mayor duración de los procesos médicos.

Carlos Arcas, director del Adecco Group Institute, explica para industry TALKS que «el crecimiento del absentismo en la industria española durante 2025 y su prolongación en 2026 responde, fundamentalmente, al aumento de las bajas por incapacidad temporal». Añade que «detrás de esta evolución destacan tres factores estructurales: el envejecimiento de la población activa, el incremento de los problemas de salud mental y la mayor duración de los procesos médicos y de recuperación».

En el ámbito industrial concurren además circunstancias específicas derivadas de las propias condiciones de trabajo. Las enfermedades profesionales vinculadas a movimientos repetitivos, sobreesfuerzos físicos y posturas forzadas continúan teniendo una elevada incidencia, especialmente en la industria manufacturera. Estas patologías, junto con los trastornos musculoesqueléticos, explican buena parte de las bajas médicas de larga duración.

Las empresas reconocen que esta realidad obliga a reorganizar continuamente la producción. En sectores donde las plantas funcionan las veinticuatro horas del día y los procesos no pueden detenerse fácilmente, cada ausencia requiere una respuesta inmediata para evitar interrupciones en la actividad.

El impacto en la producción y la competitividad

Es el caso de Feique, que representa a la industria química española. Aunque la patronal no considera que el sector presente actualmente un problema diferencial respecto a otras ramas industriales, sí admite que el absentismo obliga a realizar ajustes organizativos.

Desde Feique señalan para industry TALKS que «en un sector intensivo en procesos continuos como el químico, el absentismo puede requerir ajustes puntuales en la organización de turnos, la planificación de equipos y la disponibilidad de determinados perfiles técnicos, generando costes operativos adicionales cuando la sustitución no es inmediata».

La organización, sin embargo, evita presentar el absentismo como un problema exclusivamente empresarial y defiende una visión más amplia del fenómeno. En este sentido, comparte el análisis realizado por CEOE y por la Alianza por la Competitividad de la Industria Española, según el cual intervienen múltiples factores externos al funcionamiento de las compañías.

«Se trata de un fenómeno multifactorial en el que influyen aspectos como los recursos del sistema sanitario y de la Seguridad Social, las listas de espera, la inspección médica, la gestión de los procesos de incapacidad temporal o las propias dinámicas laborales», sostienen desde Feique.

Dos visiones frente a un mismo problema

Esta perspectiva coincide parcialmente con la de los sindicatos, aunque con importantes matices. Desde UGT rechazan que todas las ausencias laborales puedan englobarse bajo el concepto de absentismo y consideran que parte del debate público parte de una interpretación equivocada.

José Antonio Pasadas, secretario de Acción Sindical de UGT, afirma para industry TALKS que «desde UGT no compartimos la definición de absentismo que divulgan las patronales». Recuerda que «las patronales incluyen todas las ausencias, cuando esto no se corresponde con la definición que da la propia OIT».

El sindicato insiste en diferenciar claramente entre las ausencias injustificadas y aquellas derivadas del ejercicio de derechos laborales o de una incapacidad temporal médicamente acreditada. «Las ausencias justificadas al trabajo son el ejercicio de derechos, como son los permisos o las licencias, y la parte más importante que son las incapacidades temporales», explica Pasadas.

Para la organización sindical, el aumento de las bajas laborales no puede analizarse sin atender a las condiciones de trabajo existentes en cada actividad industrial. Según su visión, los sectores con mayores índices de incapacidad temporal coinciden habitualmente con aquellos donde persisten mayores riesgos laborales o donde las medidas preventivas resultan insuficientes.

«Existe un mayor número de incapacidades temporales en los sectores industriales donde las condiciones de trabajo son peores, pero sobre todo donde además no se toman las medidas para evitar los riesgos y mejorar la seguridad y salud de las personas trabajadoras», sostiene el responsable sindical.

Desde UGT también advierten de que una parte importante de las bajas catalogadas como enfermedad común tiene, en realidad, un origen laboral que no siempre llega a reconocerse oficialmente. Entre ellas citan los trastornos musculoesqueléticos derivados de la actividad profesional o los riesgos psicosociales asociados al trabajo.

Esta diferencia de enfoque marca buena parte del debate actual. Mientras las organizaciones empresariales alertan del impacto económico y organizativo que supone el incremento de las bajas, los sindicatos ponen el foco en la necesidad de mejorar la prevención y reforzar los servicios públicos de salud para reducir la duración de los procesos médicos.

Aun así, ambas partes coinciden en un punto esencial: el absentismo no puede entenderse como una cuestión aislada ni resolverse mediante una única medida. La combinación del envejecimiento de las plantillas, las crecientes dificultades para cubrir determinados perfiles industriales y la presión sobre el sistema sanitario obliga a buscar soluciones que integren prevención, organización empresarial y eficiencia asistencial.

En los próximos años, este equilibrio será determinante para mantener la competitividad de una industria que compite en mercados internacionales donde cualquier alteración en los costes de producción puede traducirse en una pérdida de posición frente a otros países.

Cómo están respondiendo las empresas

Ante este escenario, las empresas industriales han comenzado a modificar sus estrategias de gestión de personas. Si hace apenas unos años la respuesta se centraba fundamentalmente en cubrir las bajas y reorganizar los turnos de trabajo, hoy las organizaciones apuestan cada vez más por políticas preventivas destinadas a reducir tanto la incidencia como la duración de las ausencias.

Los expertos coinciden en que el absentismo no puede combatirse únicamente cuando ya se ha producido una baja médica. La prevención, la promoción de hábitos saludables y la mejora del clima laboral han adquirido un peso creciente dentro de las políticas de recursos humanos.

Según Randstad, muchas compañías están desarrollando programas de empresa saludable que incluyen servicios de fisioterapia, asesoramiento nutricional, iniciativas dirigidas al bienestar emocional y apoyo psicológico para prevenir situaciones de estrés, ansiedad o desgaste profesional. Paralelamente, se extienden medidas de conciliación y flexibilidad como la adaptación de horarios, la distribución más eficiente de la jornada, los denominados «viernes cortos», los días de libre disposición o, cuando la actividad lo permite, el teletrabajo.

Sin embargo, la estrategia empresarial va mucho más allá de estas iniciativas. Las compañías también están reforzando los sistemas de seguimiento interno mediante entrevistas de reincorporación tras una baja médica, herramientas de monitorización de las ausencias y una mayor implicación de los mandos intermedios, considerados una pieza clave para detectar situaciones de riesgo antes de que desemboquen en bajas prolongadas.

Juan Ramón Benito, de Randstad, explica para industry TALKS que entre las medidas más extendidas figuran «las entrevistas de retorno», la «capacitación de mandos intermedios», los «sistemas de alertas y monitorización de justificantes» o la «optimización de la colaboración con las mutuas».

La colaboración con las mutuas constituye otro de los ejes sobre los que se apoyan muchas empresas. El objetivo consiste en agilizar pruebas diagnósticas, mejorar el seguimiento médico de los trabajadores y favorecer una recuperación más rápida cuando las circunstancias clínicas lo permiten.

No obstante, también existen actuaciones mucho más controvertidas. Algunas compañías recurren a servicios de investigación privada cuando sospechan que determinadas bajas pueden esconder un uso fraudulento de la incapacidad temporal, mientras que otras vinculan incentivos económicos al cumplimiento de objetivos relacionados con la reducción del absentismo. Son herramientas que generan debate entre empresarios y representantes sindicales, especialmente cuando existe el riesgo de trasladar presión a trabajadores que realmente atraviesan un proceso de enfermedad.

Precisamente por ello, desde UGT advierten del peligro de convertir el absentismo en un problema exclusivamente vinculado a la productividad empresarial.

José Antonio Pasadas sostiene que «hay que analizar con más detalle los motivos de las ausencias» y defiende que la prioridad debe situarse en la mejora de la seguridad y salud laboral. «Hablemos de trabajo saludable, de salud, y no solo de productividad», resume.

El sindicato considera igualmente imprescindible reforzar la financiación del sistema público de salud para reducir los tiempos de espera en consultas, pruebas diagnósticas e intervenciones quirúrgicas, ya que la demora asistencial prolonga inevitablemente las incapacidades temporales.

«Las listas de espera afectan mucho; las personas trabajadoras tardan más en recuperarse e incluso se les pueden agravar las patologías por falta de un diagnóstico claro. Evidentemente los procesos de incapacidad temporal se alargan», afirma el responsable sindical.

El reto del futuro: plantillas más envejecidas y prevención

La evolución demográfica representa otro de los grandes desafíos para el sector industrial. La edad media de las plantillas continúa aumentando y muchas empresas deberán gestionar durante los próximos años una convivencia entre trabajadores veteranos y nuevas incorporaciones en un contexto de creciente dificultad para encontrar determinados perfiles técnicos.

Desde The Adecco Group consideran que este cambio obligará a transformar profundamente la organización del trabajo. La adaptación ergonómica de los puestos, la polivalencia de los equipos y la planificación de sustituciones dejarán de ser cuestiones puntuales para convertirse en elementos permanentes de la gestión empresarial.

Carlos Arcas explica que «la evolución del absentismo obligará a las empresas a replantear sus modelos de organización del trabajo». En su opinión, las compañías tendrán que convivir con «niveles de ausencia más elevados y menos coyunturales que en el pasado», lo que exigirá una mayor capacidad de planificación de plantillas y de adaptación de los puestos de trabajo.

El responsable del Adecco Group Institute también destaca la creciente importancia del análisis de datos para anticipar situaciones de riesgo. Las grandes organizaciones disponen de herramientas capaces de identificar patrones, detectar colectivos especialmente vulnerables y evaluar la eficacia de las medidas preventivas implantadas.

En este punto aparece una diferencia significativa entre grandes empresas y pequeñas y medianas industrias.

Mientras las grandes corporaciones cuentan con departamentos especializados en recursos humanos, salud laboral y prevención de riesgos, además de sistemas avanzados de seguimiento, las pymes suelen gestionar las bajas de forma mucho más reactiva. La limitada dimensión de sus plantillas hace que cada ausencia tenga un impacto proporcionalmente mucho mayor y dificulta tanto la redistribución del trabajo como la sustitución temporal del empleado.

Según The Adecco Group, las grandes empresas «disponen de sistemas de seguimiento, indicadores específicos, programas de bienestar, prevención de riesgos, salud mental y gestión de la incapacidad temporal», mientras que las pequeñas y medianas compañías «suelen gestionar el absentismo de manera más reactiva» debido a la escasez de recursos económicos, tecnológicos y humanos.

Esta diferencia explica que la capacidad para anticiparse al problema sea muy desigual dentro del tejido industrial español. Mientras algunas organizaciones ya utilizan modelos predictivos para identificar tendencias, otras continúan resolviendo las incidencias conforme aparecen, con un margen de actuación mucho más limitado.

En el caso de la industria química, uno de los sectores con mayores exigencias de continuidad operativa, la prevención continúa siendo el principal instrumento para limitar el impacto de las bajas laborales.

Desde Feique destacan que las empresas químicas mantienen «un firme compromiso con la prevención y la seguridad laboral, mediante programas de excelencia, sistemas de gestión avanzados y estándares internacionales como Responsible Care». Según la organización, estas políticas «contribuyen a proteger la salud de las personas trabajadoras, minimizar riesgos y reducir las bajas asociadas a accidentes o daños laborales».

La patronal recuerda además que los índices de siniestralidad del sector químico continúan situándose por debajo de la media del conjunto de la economía española, lo que demuestra, a su juicio, la eficacia de las inversiones realizadas durante los últimos años en materia preventiva.

Pese a las diferencias de enfoque, existe un amplio consenso en que ninguna medida aislada resolverá el problema. Tanto empresas como sindicatos consideran imprescindible combinar la prevención de riesgos laborales, una atención sanitaria más ágil, una mejor adaptación de los puestos de trabajo y una gestión más eficiente de las incapacidades temporales.

El absentismo se ha convertido así en un indicador que refleja múltiples transformaciones del mercado laboral español. El envejecimiento de la población activa, la creciente incidencia de los problemas de salud mental, el aumento de las enfermedades musculoesqueléticas y la presión sobre el sistema sanitario forman parte de una misma realidad que afecta tanto a trabajadores como a empresas.

Para la industria, el reto consiste en mantener la competitividad sin perder de vista la protección de la salud de sus plantillas. En un contexto de fuerte competencia internacional, dificultades para captar talento especializado y necesidad de mantener procesos productivos continuos, encontrar ese equilibrio será una de las grandes prioridades de los próximos años.

Lejos de reducirse a una simple cuestión de horas perdidas o de costes empresariales, el absentismo laboral se ha convertido en un fenómeno estructural que exige respuestas compartidas. La capacidad de administraciones públicas, empresas y representantes de los trabajadores para coordinar medidas eficaces determinará en buena medida la fortaleza futura de uno de los sectores estratégicos de la economía española.

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