DIRECTOR DE TRANSFORMACIÓN DIGITAL

Carlos Herrero, Prosol: “Dentro de menos de 25 años las empresas tendremos un departamento de recursos robóticos”

Carlos Herrero es el director de Transformación Digital de Prosol, una mediana empresa agroalimentaria asentada en la localidad palentina de Venta de Baños. Productos Solubles produce 100 millones de cápsulas de café al año. Entre sus clientes destacan los supermercados Mercadona, Lupa o Aldi. En esta entrevista con industry TALKS, Herrero apuesta por la robotización y una colaboración más estrecha entre la máquina y el humano. El directivo también admite que a la industria 4.0 aún le queda mucho camino por recorrer.

La empresa Prosol, Productos Solubles, fundada en 1998, comenzó muy pronto su transformación digital para convertirse en una empresa orientada al dato. ¿Qué significa eso? ¿Qué evolución ha tenido? ¿Qué consecuencias positivas han aparecido y qué lecciones han aprendido?

Prosol, por su forma de ser, por su ADN, efectivamente siempre ha tenido mucho interés en tomar decisiones a través de datos. Desde 1998 ha habido muchas evoluciones tecnológicas. Ya desde el principio siempre ha habido mucha intención de tener información fiable, única, de tener gente dedicada en la empresa a tratar esa información, a entender lo que decía esa información, intentando dejar el sesgo y objetivizar las decisiones. Así lo entiende la dirección y la propiedad, incluso mucho antes de que se hablara de transformación digital.

En esa evolución sí que ves que en los procesos internos de la compañía hay mucha gente con predisposición a entender esos datos, a darles valor, a ponerlos a disposición del público, que no sean datos cerrados, y permitir que esas decisiones de ventas, compras o planificación estén basadas en la información que nos proporcionan estos sistemas.

Es cierto que, en los últimos años, debido a la transformación digital y los avances tecnológicos, hemos avanzado en este plan porque las nuevas tecnologías nos permiten obtener esos datos mucho más rápido y mucho mejor. Cuando ha llegado todo el tema de la computación, del Big Data, de las plataformas que nos permiten manejar miles de datos, hemos evolucionado desde valorar el Excel a plataformas que nos proporcionan inteligencia. Es ahí donde estamos con el plan de transformación digital que para nosotros tiene dos componentes. Por un lado, el componente de que las funciones de las nuevas tecnologías nos dan procesos mejores, más rápidos, más flexibles, de cara a poder competir en el mercado. Pero también nos aportan conocimiento a través de los datos.

Es muy importante esa orientación hacia el dato. Y nuestra empresa está orientada, pero de verdad. No en el papel.

¿Dificultades? Muchas. Siempre hay una lección aprendida muy grande con todo esto. El hecho de sacar los datos y hacerlos públicos, libres o intentar que no sean de nadie elimina silos y barreras. Te das cuenta de que siempre en las empresas, incluso con las máquinas industriales, siempre hay silos de información, donde esta está muy encapsulada y no permite ser trabajada por otros, un poco por miedo a que ese dato sea público. Para nosotros los datos viajan rápido dentro de la compañía y son conocidos por la compañía de manera rápida. El dato no es propiedad de nadie; se pone al servicio de la organización para que pueda ser trabajado por las personas que deban. Hay una barrera. Cuando nos enfrentamos a la industria 4.0, todavía nos cuesta sacar información de las máquinas industriales, porque los propios proveedores son una especie de barrera. Nos cuesta trabajar en esa dirección y en eso estamos. Entendemos que nuestro proceso tiene que ser online, que debe ser con un dato único y fiable que podemos obtener en tiempo real. En esa lucha estamos.

¿Qué beneficios han obtenido en los últimos cuatro o cinco años con esa estrategia orientada al dato? ¿Qué saltos cualitativos han advertido en la productividad, en la eficiencia…? ¿Por qué es tan recomendable el dato?

Hay un beneficio directo. El dato no se construye; el dato se analiza. Antes, y nos ocurre mucho en la industria, tenemos mucha gente construyendo datos, es decir, creando reportes para decir qué ha pasado durante el turno. Nosotros creemos que eso no aporta valor. Nosotros obtenemos de manera automática lo que ha ocurrido durante el turno y luego hay gente analizando esos. Pero es muy importante no tener gente construyendo datos. Nosotros la teníamos. El segundo beneficio es el dato único. A mi me ha pasado de llegar a una reunión y preguntar por datos y que te den dos distintos. Eso es una muy mala imagen. El dato de una organización tiene que ser único. Y lo mismo con la información. Puede que no esté perfecta, pero el dato es único. De ahí la inconveniencia de crear datos a mano, porque lo estás manipulando. Es fundamental que el dato sea único y obtenido por todos en tiempo real.

Todo esto nos aporta que nuestra gente, que creo es el valor de todo esto, en vez de dedicarse a crear o construir datos, se dedique a mirar el proceso del producto. Nosotros somos fabricantes de café y lo que nos interesa es que nuestros supervisores, nuestra gente de fábrica, estén atentos al producto y no a rellenar en un papel la información de la trazabilidad del lote. A nosotros eso sí que nos aporta mucho valor, porque podemos orientar a nuestra gente a lo que realmente aporta valor, que es el producto. Ese es el cambio que hemos realizado. La transformación digital que hemos realizado en fábrica va, sobre todo, en esa dirección.

Es importante, eso sí, enseñar a la gente a interpretar el dato. Hay un proceso de formación para que entendamos todos qué datos se están analizando, para que lo puedan discutir. También está el tema de la sostenibilidad con el papel. Cuando llegué a Prosol, nos gastábamos mucho dinero en imprimir papel. La eliminación del papel es fundamental para que los procesos sean digitales y el dato sea digital. Hemos conseguido eliminar casi todo el papel. Nos cuesta y a veces aparece.

¿Qué recomendaría a las pymes para acometer esta transformación digital que está tan de moda en el tejido industrial?

Hay un cierto miedo respecto a la digitalización. Parece que la digitalización es cara. Y no es así. Afortunadamente, la tecnología se ha socializado mucho y el mundo Cloud permite que la tecnología sea relativamente barata. Las pymes también pueden acceder a herramientas que antes eran impensables. Al ser todo el mundo Cloud que pagas por servicios, es relativamente sencillo tener una plataforma de Azure con Big Data, incluso con algoritmos. ¿Dónde está la dificultad para las pymes? En tener gente que pueda ayudarles a traer esta transformación con el conocimiento. Pero hoy en día las infraestructuras no son una barrera. Hace años, sí. Para ser una pyme tecnológicamente avanzada, te tenías que gastar mucho dinero en aplicaciones. Ahora, incluso para una pyme es relativamente sencillo acceder a las más altas tecnologías de empresas como Microsoft o Google. Eso es realmente importante. Lo único que necesitamos es que la compañía tenga gente orientada a entender este tipo de tecnología. Ahí es donde está la dificultad, porque hay pocos perfiles todavía. De las universidades nos llega muy poca gente con esta preparación.

Sé que hay miedo al Cloud, pero para mí no es miedo, sino entenderlo y lanzarse a por ello.

¿Por cuestiones de seguridad? 

Claro. Se preguntan: ¿Qué es eso del Cloud? ¿Dónde están mis datos? Hay un miedo a la seguridad. Es cierto que el tema de la ciberseguridad es un cumplimiento que debemos tener. Nosotros, en nuestro plan de transformación digital, la ciberseguridad es otra de las patas. Y en esto nadie puede decir que está perfecto. Pero es cierto que el hecho de poner tus datos en la nube implica tener ciertos criterios de seguridad que hay que contemplar. Para las pymes que trabajan en un entorno internacional es fundamental prestar atención a estos temas.

Miedo ninguno, pero es cierto que cuando hablo con otros directores de IT, todavía hay reticencia al Cloud en muchas cosas. Tiene sus ventajas y sus inconvenientes, pero para mi aporta más ventajas que inconvenientes.

Hace un año usted dijo que la industria 4.0 está en pañales… ¿Sigue pensando lo mismo?

Vamos progresando, pero sí. Estamos consiguiendo un nivel de adopción digital muy alto en tendencias del consumidor. Amazon ha sido una revolución. Tenemos coches sin conductor, que son capaces de tomar decisiones en tiempo real. Tenemos tecnología que nos permite alcanzar cotas increíbles, pero nuestra orientación en los diseños de las fábricas de alimentación y cómo trabajamos es todavía un poco como la del siglo XX. Todavía no ha habido una disrupción de la tecnología a nivel de fábrica, porque es difícil son componentes industriales. Pero cada vez más las máquinas industriales tienen software, chips que nos van a dar información en tiempo real. Si el coche sin conductor puede hacer lo que hace, ¿qué no hará un horno industrial? Creo que todavía nos falta mucho recorrido, que de verdad no hemos llegado a un nivel de robotización en las fábricas que permite la tecnología. Hay industrias como la del automóvil que van un poco por delante. Por ejemplo, en Castilla y León. Pero en el tema alimentario todavía hay mucho que hacer. Trabajamos todavía como en el siglo pasado.

Y en este proceso de evolución, ¿hacia dónde va la transformación digital en este siglo?

Distinguiendo la automatización que consiste en la sustitución de trabajos duros por máquinas, la transformación digital está yendo hacia cómo la robotización y la Inteligencia Artificial me permiten tomar decisiones que antes tomábamos los humanos. Empezamos a entrar en un mundo híbrido, de colaboración entre robot y humano; es decir, no concibo que, dentro de 25 años, en realidad mucho antes, sigamos trabajando como ahora cuando hay un problema o un pico de incidente en una fábrica y se toma una decisión. Creo que los robots van a entrar también en esa decisión. Lo que creo que va a venir es un mundo de colaboración hombre-máquina. En ese aspecto el humano tiene que ser muy inteligente para posicionarse en lo que las máquinas van a hacer mejor que nosotros, y dejar para los humanos lo que los humanos seguiremos haciendo mejor. Dentro de 25 años, creo que antes, tendremos un departamento de recursos robóticos. Los robots van a formar parte de la plantilla de las empresas de una manera similar a la de los hombres. Esa colaboración hombre-máquina ya es muy realista en muchos sitios, pero que tiene que llegar a la industria.

En esa línea de ciencia-ficción, ¿los robots tendrán derechos sindicales?

No sé si llegaremos a ello, pero tengo claro de que van a ser capaces de tomar decisiones habitualmente reservadas a los humanos. Se está hablando mucho del derecho sindical, si pagan para la pensión… habrá que articularlo. Pero es cierto que estamos llegando a ese punto con robots que son capaces de reponer una estantería de un almacén y sustituir a una persona. Lo que tenemos que hacer es trabajar con ellos, no contra ellos. Efectivamente, los robots tendrán que tener un trato diferente al que hemos visto hasta ahora como máquinas.

En el Congreso de Industria Conectada 4.0 celebrado en Valencia la ministra de Industria insistió en el protagonismo de las pymes. ¿Qué le pediría usted como directivo de Prosol, como representante de esas pequeñas y medianas empresas a la Administración central para potenciar los procesos de transformación digital?

Dos cosas fundamentales. Por un lado, el tema tan manido de las ayudas. Nos está costando acceder. Se está hablando mucho de las ayudas de los fondos europeos Next Generation. No está nada claro y es la realidad. Para las pymes se ha creado un Kit Digital que es muy potente, para empresas muy pequeñas, hasta 6 empleados. Está funcionando. Y para las grandes, digamos las empresas del automóvil, el tema del PERTE está ya en marcha. Pero resulta que a las empresas medianas, las que estamos en medio, nos está costando acceder. Ni a uno ni a otro lado. Lo estamos hablando constantemente en una unión de empresas que se llama Creciendo, formada por más de 120 empresas de middle market de toda España, y estamos solicitando a la Administración que articulen las ayudas para empresas de nuestro tamaño que creemos somos las que articulamos el país a nivel industrial.

Lo segundo es la formación. Necesitamos formar a nuestros jóvenes en este tipo de tecnologías. Necesitamos que lleguen a la empresa bien formados con estas nuevas tecnologías. Necesitamos realmente un batallón de jóvenes dedicados al Big Data, a la ciberseguridad, a los algoritmos, a entender de qué va esto, porque realmente competimos en un mercado global.

En resumen, que las ayudas se canalicen bien y que nuestras universidades, nuestra FP se enfoquen a estas habilidades para poder competir.

¿No participan ustedes en ningún PERTE? ¿En el agroalimentario?

De momento, no. Porque las condiciones son muy exigentes en cuanto a las condiciones económicas. Los PERTEs exigen una dotación económica muy alta. Te tienes que unir en clústeres o con más empresas. De momento no hemos encontrado el canal adecuado. Nos estamos moviendo en distintos frentes y líneas: Junta de Castilla-León, Gobierno… A través de esta iniciativa de Creciendo. Muchas empresas del tamaño de Prosol como Adolfo Domínguez, Chocolates Valor, Orbea… estamos en la misma situación. Realmente casi todas las ayudas que nos están llegando están relacionadas con la ciberseguridad, pero no hay ayudas relacionadas con Big Data, algoritmos… transformación digital de verdad.

¿Es una carencia crónica o coyuntural? ¿Han hablado de ello con la Administración?    

Sí, estamos hablando. Queremos ir a este tipo de iniciativas.  Entiendo que es coyuntural. Intentamos abrirles los ojos y salir de las ayudas tradicionales. Espero y deseo que sea coyuntural.

¿Cómo han evolucionado sus productos de cápsulas de café? ¿Hacia dónde va el mercado?

La evolución del mundo del café es impresionante. Es un mundo muy bonito. Y el café es un mercado mundial; se cultiva muy lejos de aquí: en Brasil, Colombia, Vietnam, India… y se vende en cualquier parte del mundo. En ese mercado mundial competimos con la mayor empresa alimentaria del mundo, que es Nestlé. Lo que está ocurriendo en los últimos 5-10 años alrededor del mundo del café es impresionante, con una evolución total desde el café soluble, tradicional, al de las cápsulas. Ahora hay una evolución en el molido del grano… Tecnológicamente ha habido un cambio muy grande de concepto. Ha habido un cambio de tecnología, del plástico hacia el aluminio y el compostable. Es tremendo. Nosotros hemos apostado por abandonar el plástico, porque entendemos que, desde el punto de vista de la sostenibilidad, es lo que hay que hacer. Y la búsqueda de la solución definitiva que es la compostabilidad debemos perseguirla constantemente. Creo que vamos a llegar a ello, pero queremos que las administraciones empujen más en esto. ¿Hacia dónde vamos? Evidentemente el consumidor no nos va a aceptar si no nos identifica como una empresa no sostenible. Crear un producto sostenible es una realidad. Y en la alimentación es fundamental ser percibido realistamente como sostenible. Y también con el concepto de trazabilidad, es decir, con un producto que es el que decimos que es. Nuestro producto la gente se lo lleva a la boca. Creemos que el nuevo consumidor aprecia mucho las empresas sostenibles; siempre va a apreciar el coste y el sabor, pero también la sostenibilidad y una trazabilidad correcta. Y que la cadena de valor es justa, que la relación con los caficultores es justa. Estamos trabajando en esa dirección.

¿De qué niveles de producción estamos hablando?

Producimos unos 100 millones de cápsulas al año y hemos llegado a producir 200 millones y pico.

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